domingo, 22 de noviembre de 2015

Serendipia

Me gusta estar contigo porque es algo que nunca espero, simplemente sucede en los momentos en que menos me imagino. Porque, estando a tu lado, no hay ni bienvenidas ni despedidas... ni miedo a que te vayas, porque nunca estuviste. Tan fugaz, tan breve como el paso de la brisa, que ocasionalmente se arremolina en un mismo lugar, y de pronto, se desvanece para dirigirse a un destino incierto. 

Me gusta el calor que desprende de tu cuerpo por mi causa, pero más disfruto dormir a tu lado, y encontrarme con tus ojos azules ocasionalmente. Tímidamente, aparto la mirada, pues rehuyo a la idea de perderme en ellos y entrar al mundo de calamidades que innecesariamente padecen los débiles enamorados. Tan sólo quiero sentir tu piel, y quedarme con el vestigio de ese calor. 

Pero lo que más me gusta, después de apartarnos de todo y de todos por un par de horas, es que puedo volver a mi realidad, pensando que todo aquello fue un sueño... sin añorar nada más, que el recuerdo que has forjado en mi mente. Un recuerdo físico, puramente físico. 

No necesito más.

martes, 10 de noviembre de 2015

Un sueño

Haber estado contigo fue como un sueño; onírico, maravilloso, como nunca hubiera pensado sentirme en brazos desconocidos.

Mientras que, al más mínimo roce de otras manos por mi cuerpo me provocaba desdén y desesperación, en el momento en que me sentí atraída hacia ti, las dudas desaparecieron. No hubieron otros pensamientos en mi cabeza más que el simple acto de dormir a tu lado, acariciar tu cabello suavemente, y pasar mis dedos por el contorno de tu rostro. Sentir tus labios con los míos, respirar el calor de tu piel... y saborear por un momento la victoria que sentí al saber que, por unos instantes, sólo fuiste mío, y que yo fui la causa de tus gruñidos de placer.  

Sabemos muy poco de los dos, pero cuánto importa, de todos modos: absolutamente nada. No te amo, ni tú a mí. Tan sólo estoy permitiéndome conocer los límites del placer y del dolor. A saborear el dolor y el sufrimiento como algo intrínseco de la vida. Y es maravilloso. Terriblemente destructivo y tentador.

Me gustas. Tan simple como eso.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Por el camino de la amargura

Me sorprende lo maravillosa que me he sentido durante todos estos meses. Poco tiempo me tomé para escribir porque simplemente todo era fenomenal. Pasional, etéreo, y poco importante. La vida tomó un giro inesperado, así de sencillo.

Hubo un punto en el tiempo, con mi sufrimiento por mis amores perdidos, en que el camino se me iluminó, y de pronto me di cuenta de la más fría y cruel verdad: que mi existencia es efímera. Mi consciencia sólo estará presente en este mundo unos cuantos años -incluso si son pocos o muchos es ya una pregunta bastante grave-, y que estoy perdiendo el tiempo viviendo en las penumbras de mi dolor. Sí, una punzada en el pecho, un verdadero dolor físico me hizo darme cuenta de que el tiempo perdido jamás lo recuperaré, y que era una reverenda estupidez malgastarlo en llorar por alguien que a duras penas recuerda mi nombre.

Así que eso mismo hice: disfrutar la vida al máximo. Salir con todos los hombres que me agradaran; ver a mis amigas a todas horas, en todo momento y cualquier día de la semana; probar cosas nuevas en todo sentido... desde probar platillos nuevos, acercarme a personas que jamás se me hubiera cruzado por la mente hablarles, estimular los sentidos por medios de dudosa moralidad; bailar hasta el amanecer; cantar hasta que me ardiera la garganta; todo, absolutamente todo.

Los hombres. Mi martirio, mi némesis. Decidí dejar de darles importancia, y funcionó a la maravilla. Conocí a personas magníficas, independientemente de que la compatibilidad funcionara a un plano más allá de lo casual. Me sentí en plena libertad, dejé a un lado mis sentimientos solemnes dividiendo mi capacidad de amar. Todo me parecía absolutamente perfecto.

Y luego llegó mi calamidad, la que me pone de nuevo en una crisis con ímpetu de querer regresarme a mi estado autoflagelador natural. En mi afán de diversificar mi cariño para evitar el dolor, me encontré de la manera más casual al hombre que, en una noche, me hizo sentir como si lo conociera de años. Al segundo día, sentía que hablaba con la versión masculina de mi persona. Al tercer día ya nos estábamos viendo los rostros apasionados, hablando de la belleza de la vida. Unos pocos días más y de pronto ya sentí esa necesidad imperante de caricias que nublan la mente y agudizan los sentidos. Su presencia hizo desaparecer aquellos mecanismos de protección que me implanté para dar la vuelta triunfal de esa mujer apasionada y amante que siempre he sido, durante toda mi vida.

Eso me aterra. Me atemorizan estos sentimientos que, en parte son familiares, y que por otro lado tienen implicaciones bastante más fuertes para la integridad de mi persona. Estoy sucumbiendo a una tentación deliciosa, de esas a las que son fáciles caer. Y por otro lado, estoy luchando con esa parte de mí que sabe que terminaré sufriendo. Porque, así como fui consciente de que mi vida es finita de un modo que nunca había analizado... también analicé mi forma de amar, y desafortunadamente, de la forma de amar de los demás.

Sí, me hago daño en mi propia forma de amar. Mi proceso de enamoramiento suele ser tortuoso porque encuentro en la nostalgia y en la belleza de las estrellas cruzadas un elixir fascinante. Porque suelen gustarme las personas que no mienten ni aparentan nada... cuando irónicamente mentimos cuando nos sentimos enamorados. Porque amo sin desenfreno, esperando que la intensidad de mis propios sentimientos sea suficiente para que éstos sean correspondidos. Lo tomo como un reto; he de admitir que incluso, quiero sentirme digna del amor de la otra persona... por tanto, no creo en aquellos que naturalmente vienen a expresarme cualquier tipo de sentimiento de la nada. Y las personas no aman así. O no suelen amar de esa manera con tanta naturalidad. 

Todo esto me lleva a relaciones sin concretarse, a sufrir en silencio, a aceptar migajas de amor... quiero huir de todo ello y simplemente ser feliz, o tan siquiera, permanecer en un estado de calma. Todo iba bastante bien... hasta que lo conocí.

Ni siquiera somos nada y ya lo pienso. Otra vez, quiero tomar su rostro para escribir los más bellos y tristes cuentos, como lo he hecho con tantos en el pasado. Lo cierto es que quería mantener sin rostro a las creaciones perfectas de mi intelecto... y permitirme amar de una manera más orgánica, casual, sin desesperaciones de ningún tipo. Y viene como algunos en el pasado, a despertar al ingrato de mi corazón, hacerlo latir a mil por hora, para luego abandonarlo y pisotearlo un poco, incluso. No, ni siquiera tengo suficiente evidencia para comprobarlo... pero no necesito ningún tipo de comprobación. Así son siempre las cosas; al final nunca soy yo. Al menos, cuando amo de la forma en que me lastima.

Quiero huír del camino de la amargura al que acabo de someterme hace apenas un par de días. La única diferencia de hoy y las tristezas pasadas es que... al menos esta vez sí tengo intención de suprimir ese dolor y dejarlo ir. Y si para ello necesito destrozar yo misma otros corazones... que me perdone quien tenga que perdonarme. Hace mucho que dejé de creer en un Dios que pueda castigarme por querer mantener un poco de cordura.

Y de todos modos, ya me han lastimado lo suficiente como para poder decir que "ahora es mi turno".

Porque ahora lo es. Es mío.




sábado, 23 de mayo de 2015

Encontrarse con su mirada

Hoy me hice la pregunta hipotética... aquella que no quería enfrentar. Si estuviera contigo después de tantos años, ¿podría seguir viéndote como la primera vez? ¿Podría apreciar la belleza de tu rostro a pesar de los años, que curten la piel y nos llena de arrugas reveladoras?

Lloré cuando supe que sí... sí podría verte con la misma intensidad del primer día. Y aún más, porque cada golpe de la vida que hubiéramos enfrentado juntos se vería reflejado en aquel rostro de mi amado. Lo único que no cambiaría de él serían esos ojos azules que me enamoraron, y ese brillo en su mirada que me confirmaría que me ama en la misma intensidad.

Pero todo esto sucedería sí estuvieras conmigo. Y si me hubieras amado como yo a ti.

Es cierto, ya no te amo. Pero si volvieras conmigo, quizá podría volver a hacerlo.

But... I'm fine without you.

lunes, 30 de marzo de 2015

Amargura

Mi vida en los últimos meses ha sido un camino de amargura. Me ha enfrentado al hecho de que no sé nada, y por más que intente acercarme al conocimiento, siempre habrá algo que se me escape de las manos. Que por cada cosa que hago bien, me salen mal otras tres... que otra vez vuelvo a ser una novata incapaz de ver más allá de sus propias narices.

Estoy agotada, profundamente agotada.

Necesito un cambio. Urgentemente.

domingo, 22 de febrero de 2015

Descubrimientos

En este preciso momento, me siento como una mujer estúpida, como si estos 23 años de vida no hubieran sido suficientes para darme cuenta de esta regla tan evidente, lógica y absurda, propia de los hombres de mi país. O al menos de mi puta ciudad, donde, hablando en términos generales, las personas carecen de un sentido de introspección, capacidad analítica y pensamiento crítico. Tal parece que siguen el compás del acondicionamiento cultural al que han sido impuestos, y siguen cosificando a la mujer de una manera impresionante. Como si no hubiera un ser humano dentro de las curvas que los embrutece y los lleva al límite de la locura.

Las cosas aquí son muy sencillas, en realidad, y mi jodida cabecita no se dio cuenta hasta que me la hicieron otra vez. Tan fácil como esto: si el hombre no te persigue hasta el cansancio, es que simplemente no le interesas.

Para él tú eres una meta, un objetivo difícil por el simple hecho de ser digna de su interés. Si has llegado al nivel en donde tú eres objeto de su amor, ¡no te preocupes, has logrado ya tu objetivo! No importa qué tan mal lo trates, cuánto lo ignores o lo grosera que seas, para él será una prueba de dificultad que eventualmente tendrá que traspasar. El hombre, desde su perspectiva, considera que cualquier maltrato de la mujer es solamente una prueba para demostrar cuánto realmente la amas. Así que, a menos que la situación de hostilidad dure prolongadamente, será capaz de soportar los desdenes que se te antojen, siempre y cuando tengan un mínimo de recompensa, un pequeño vistazo de las dulzuras del amor que puedes otorgarle. No necesita traducirse inmediatamente en relaciones sexuales, no. Una simple sonrisa, un tierno beso en la mejilla, cualquier señal de que está avanzando es luz verde para continuar en su camino luctuoso para tenerte. Porque eres un objeto, uno que debe corresponderle después de haber soportado tanta adversidad. Se lo debes, no cualquiera aguantaríaa tus berrinches y exigencias.

Esto me lleva al segundo caso, ya que todo aquí es blanco o negro. ¡Que se vayan a la chingada las tonalidades grises, como si existiera tal cosa! En fin, el segundo caso es que al individuo no le interesas. Sí, puedes hablarle, quizá tengan una conversación un poco más profunda de lo normal, incluso como chica piensas: ¡qué genial poder estar con alguien así, que no te persigue hasta el cansancio! Que es agradable, lindo, y pensante: que no es como el resto de los que se vuelven locos y desagradables por conseguir un par de buenas piernas. Pues bien, mi querida ilusa, déjame decirte que puedes ver su verdadera personalidad, fuera del juego de la caza, porque no le interesas. Así de sencillo. No tiene incentivos para ser insistente: ¿por qué habría de buscarte si no eres su objetivo? Luego, si le demuestras que tú sí tienes un poco de interés en él, usará esa situación a su antojo. Si no le queda nadie más con quien salir, quizá te invite. Eres su última alternativa, manipula tus sentimientos para tener compañía cuando no pueda más con su verdadero objetivo. Y como no le interesas tanto, cuando tenga mejores cosas que hacer te ignorará sin avisarte... porque de todos modos, eres la idiota que sigue estando tras de él. Aquí, los roles se revierten, y nos encontramos con una mujer que acepta desplantes a cambio de que, algún día correspondan su amor. Como una mujer abusada y golpeada por su marido, esperando que algún día las cosas mejores mágicamente.

Ya sea el primero o segundo caso... es evidente que, tanto hombres como mujeres pueden manipularte a través de tus sentimientos, así como también de dichas situaciones nace el amor entre dos personas: a fin de cuentas, lo que sostiene las relaciones es la tolerancia, el olvido del orgullo y el aceptar que a veces debes de perder para mantener la paz. Lo que me resulta realmente repulsivo es esa dinámica ridícula, el choque entre poderes y los roles de género tradicionales que desencadenan situaciones de ansiedad emocional tanto para hombres como para mujeres. El simple hecho de que no se cuestionen o se detengan a analizar un poco el daño que implica seguir al pie de la letra las expectativas de cada género nos lleva a olvidar que, antes de tratar con una mujer o un hombre, estás tratando con un individuo pensante... alguien que no necesariamente responderá de la misma manera a las fórmulas tradicionales del cortejo. El hecho de que alguien manifieste un interés expreso en ti no significa que soportará desplantes o malos tratos de tu parte... hay un mínimo de respeto que se debe a cualquiera por el simple hecho de ser persona, y no se pueden violar sólo porque eres objeto de su devoción. Es lo que me sigue provocando frustraciones, enojos... y así como yo no utilizo a los que no correspondo con sentimientos, yo espero que tampoco se burlen de los míos.

Y por eso estoy jodida, porque la gente... los hombres en términos generales, no se van a detener a pensar en mis sentimientos. Y me van a lastimar si me involucro más de la cuenta.

¿Qué me queda? No lo sé, pero cada vez resulta todo más insoportable. No tengo quince años como para andar soportando dramas ajenos. Quiero mi paz mental. Mi tranquilidad. Y claro, de vez en cuando un poco de compañía me hace falta.

Pero nunca a ese precio. 


sábado, 7 de febrero de 2015

Fantasías

Debo hacer aquí una confesión, que quizá cualquiera que me vea en mi vida diaria notará... o quizá no. De todos modos, lo publico porque me parece interesante guardarlo para futuras referencias. 

No recuerdo desde qué momento empezó a suceder, pero cuando tengo un poco de tiempo libre, la mente despejada o simplemente un punto muerto en mis días ajetreados, me pongo a fantasear. Sí, a fantasear sobre mi vida y cómo sería dadas circunstancias muy específicas: ¿Qué pasaría si tuviera algún trastorno de personalidad múltiple? ¿Y si ahora vinieran a secuestrarme? ¿Y si en este momento conozco de la manera más ridículamente posible al amor de mi vida? Tengo este hábito desde... ¿secundaría, quizá? Pero se ha venido incrementando a lo largo del tiempo. De pronto, me encuentro con que no sé nada de lo que ocurre a mi alrededor mientras estoy absorta en mis pensamientos.

Sucede a muchos momentos del día; cuando voy manejando de camino al trabajo, cuando tengo que hacer trayectos relativamente largos a pie, cuando tengo que esperar en la fila del banco... vaya, incluso cuando la computadora se pone demasiado lenta en el trabajo. Suelo ser una persona desesperada, y enfrentarme con contratiempos me molesta. Pero ahora tengo el mejor antídoto: huyo de esos problemas superfluos y cotidianos con mi imaginación.

No voy a mentir; la mayor parte de mis fantasías son sobre el amor de mi vida. Aquél hombre lleno de confianza, inteligente, atractivo y en algunos casos, pudiente, o en posiciones de poder importantes. Como nadie puede juzgarme en mis fantasías, debo aclarar que pienso en aquél ser más perfecto que pudiera imaginar y le adjudico toda su capacidad de amar hacia mí. Le genero una personalidad interesante, fantasmas del pasado que sólo yo puedo curar, y claro, le fabrico los defectos que terminan siendo características complementarias a mi carácter de tal manera que resultan, cuanto mucho, enternecedores. 

Dichas fantasías han cambiado a lo largo del tiempo. Inicialmente, en secundaria y preparatoria, aquel hombre ideal era dominante y posesivo. Sabía qué era lo mejor para mí y todo lo hacía por "mi bien", sin siquiera preguntarme. Mis negativas eran futiles, pero no importaba, ya que él venía simplemente a arreglarme la vida, ¿no? Cualquier dificultad o problema no significaban nada... él venía a resolverlo todo, aunque yo no quisiera.

Hoy mis fantasías son, afortunadamente, mucho más sanas. Ya no me imagino en posiciones de debilidad, ni a un hombre que intente imponer su voluntad, por más correcta y noble que sea. Ahora tengo voz y voto en mis fantasías, e incluso me tomo la libertad de lastimarlo cuando intenta sublevarse ante mi voluntad. Lo sigo amando, es cierto, pero desde un nivel de independencia que me permite estar a su lado sin perder mi personalidad. Siguen siendo fantasías, así que le dejo que resuelva algunos de los problemas más molestos -la falta de dinero es uno de ellos-, pero la mayor parte de ellos los dejo para resolverlos juntos... no espero pacientemente a que alguien venga a solucionar mis inquietudes existenciales con su presencia. 

Claro, al final todo esto es reflejo directo de mis deseos, inquietudes y anhelos. Tan sólo quería hacer notar que ya no soy una persona sin rumbo ni dirección. Ya nadie puede venir a decirme lo que es mejor para mí porque sólo yo tengo la respuesta a esa cuestión. Y me siento orgullosa porque las fantasías anteriores me relegaban a un segundo plano, a un bosquejo de persona, a alguien que no tiene voluntad propia. Ya no más. 

Aunque ahora abuso de mi nueva posición de poder y me regocija hacer sufrir por amor al hombre perfecto. Después de todo, no le estoy haciendo daño a nadie de carne y hueso, ¿no?

Amor de mi vida, lo siento. Pero sin un toque de drama, nuestras historias juntos serían muy aburridas. Y es que lo que más valoramos es aquello que más empeño nos costó conseguir. Para bien o para mal... me estoy haciendo muy difícil de alcanzar. Espero que valga la pena y algún día tengas un rostro definido. 

miércoles, 21 de enero de 2015

Dibujando

Sin afán de sonar pretenciosa, presumida o egocéntrica, he de decir que tengo aptitudes para dibujar. A lápiz, al menos. Casi nunca lo practico, pero de vez en cuando se me antoja hacer uno que otro boceto para demostrarme que puedo hacerlo. Y bueno, la mayoría de las veces tomo mi rostro como referencia para dibujar. ¿Que por qué? Pues soy linda, evidentemente, además de que los rasgos femeninos me son más sencillos de plasmar en papel. Hacer a un chico me resulta muy difícil, en realidad.

Bueno, el caso es que normalmente me baso en fotografías mías en las cuales mi rostro está prácticamente de frente y no existe tanto problema con las perspectivas. No son hiperrealistas, pero son un tanto decentes, según mi propio juicio. Hoy quise ir un poco más allá de mi zona de confort e intenté realizar uno de mí, sentada... en un ángulo extraño, de tal manera que mi cuerpo sale un tanto oculto.

Me salió fatal.

Claro, jamás practico perspectivas, ni cosas fuera de rostros o acaso cuerpos de frente. El vestido que traía en dicha foto era de cuero, y la iluminación de cada una de las arrugas era imposible de imitar. ¿El resultado? Me convertí en un pobre alien cabezón (eso sí, con lindo cabello), que en vez de tener mirada penetrante, parece tener miedo. Me dibujé las piernas mucho más GORDAS (y vaya que ya las tengo bastante obesas) y mis manos parecen salidas de una caricatura de los años cincuentas... así con cuatro dedos. He de decir, en mi defensa, que mis pulgares no aparecen en la foto. Les dije que mi cuerpo estaba oculto.

¿Cuál es la moraleja de esto? Que si quieres ser aunque sea medianamente bueno en algo, debes invertir el tiempo necesario para lograr tal maestría. Claro, tener aptitudes y habilidades ayuda a avanzar más rápido, pero uno no puede esperar a ser magnífico a partir de la nada. Y por eso aquí estoy, haciendo dibujos sencillos que salen bien, o escritos que quizá parezcan decentes porque solo me limito a hablar de mis sentimientos. La falta de constancia me ha llevado a la mediocridad de conocer únicamente mi propio rostro e imitarlo a lápiz, o escribir simplemente lo que resuena en mi cabeza. No me he impuesto metas más ambiciosas... o bien, quizá lo haya intentado y al fracasar me he rendido. 

Simplemente no debería ser así.

No pretendo hacer promesas que no cumpliré, pero sí creo poder expandir mis horizontes y ponerme en los zapatos del otro aunque sea por unos instantes. Conocer otros rostros, posiciones... vaya, intentar comprender la sustancia de las personas. Esto tanto en el ámbito físico como en el emocional (dibujo y escritura). Quizá con un poco de constancia no sólo mejore mis habilidades artísticas, sino también las sociales.

Y tal vez, sólo tal vez tenga la posibilidad de...

sábado, 17 de enero de 2015

Padre

Papá,

Lamento informarte que tú eres el hombre que más me ha hecho llorar en esta vida. Has sido aquél que ha forjado gran parte de mis complejos, y que me ha sofocado en ciertos aspectos hasta el punto de volverse insoportable. Aunque te amo con todo mi corazón, no puedo evitar recordar con lágrimas algunos momentos del pasado; sin embargo, este no es el momento de recriminar viejos tiempos, sino de dejar hablar a los fantasmas de nuestras disputas.

Sé que no soy la persona perfecta, y que yo también cometo errores. Evitamos hablar de los problemas porque es lo más sencillo. Cuando nos enfrentamos a las personas estando molestos, sabemos con qué palabras dañaríamos al otro; y de pronto nos creemos autosuficientes, como si no necesitáramos de sentimentalismos, o de la otra persona en general. ¿Sabes? Me he dado cuenta de que esto que tú y yo hacemos no es más que lo que he aprendido en casa, de lo que he visto en tu comportamiento y tu personalidad. A pesar de estar consciente de nuestras similitudes, aquí te escribo mi berrinche, lo que me hace arder de coraje y rabia cada que decides enfrentarme. 

¿Por qué sólo hablas de los problemas cuando estás molesto? Es el peor momento para decir lo que sientes, porque con tu tono y desdén sólo me lastimas hasta puntos insospechados. ¿Y después, cuando soy capaz de hablar? Cuando estoy lista para hablar de manera civilizada, tan sólo ignoras lo malo, y las dificultades se echan a un lado, acumulándose hasta el punto en el que ya no se pueden ignorar más. 

Entiendo tus preocupaciones. Pero tú no entiendes las mías. Algún día debía de crecer, y es imposible que pretendas seguir tratándome como lo hacías hace diez años. Sé que el mundo está lleno de peligros y dificultades, ¿pero de qué otro modo puedo desarrollarme como persona, si no me pierdo yo misma en las peculiaridades de la vida moderna? ¿Acaso esperas seguir protegiéndome de todo peligro, tal cual infante o pre adolescente? Hace diez años, no sabía del mundo... y hoy tampoco tengo una gran idea porque me has mantenido aislada de las dificultades. Es bueno mantenerse alejado de los excesos, pero un poco de diversión responsable no me llevará a la locura. Al contrario, el control que pretendes tener de mí es lo que me está desquiciando.

Otra cosa que me parece inconcebible es el hecho de que creas que te miento. Sé que las circunstancias apuntan a que dije mentiras, que los hechos se conectaron de tal manera que parezco una sucia mentirosa... pero nunca me enseñaste a mentir, y no he tenido razones para hacerlo. Así que, ¿por qué mentiría esta vez? ¿Por qué no me tienes la suficiente confianza para creer un poco en mí? ¿Acaso alguna vez he traicionado lo que crees de mí? ¿He hecho algo que haya sido causa de decepción? No lo creo. Aunque sea algo petulante, he de decir que soy una hija excepcional en muchos aspectos. No perfecta, pero mejor que cualquier hijo promedio.

Sé que jamás podré luchar contra tus reglas, porque vivo bajo tu techo, pero espero que no te sorprenda ni te moleste en el instante en que decida marcharme. Antes, acataba todo lo que me decías porque no tenía ningún medio para subsistir por mi cuenta y de hecho me parecía injusto divertirme a expensas de lo que habías ganado con tanto esfuerzo. Pero ahora que las cadenas económicas se han desvanecido... ¿qué me va a impedir ir afuera y conocer el mundo? Ciertamente tus palabras molestas no me van a detener. Y como he aprendido bien de ti, mejor huyo del conflicto con una ruptura limpia. En algún momento tenía que decirte adiós. Tan sólo me has orillado a acelerar el proceso tan pronto como pueda.

Independientemente de todo esto que acabo de escribir, quiero que sepas que esto no significa que no te amo. Al contrario, te adoro con todo mi corazón. Estas diferencias de pensamientos e inquietudes sólo me demuestran que lograste algo genial conmigo: crear un ser humano independiente que puede ser capaz de cuidarse a sí mismo, que tiene criterio y es capaz de ir más allá de la simple comodidad. 

Gracias por todo. Te quiero mucho.

Atentamente:
Tu hija.

martes, 13 de enero de 2015

¿Hay alguien ahí?

En serio. ¿Hay alguien por ahí leyendo todas estas idioteces que escribo cada tanto?

Sí, suena estúpido preguntarlo. Por una parte, estamos en la Web. Estoy publicando lo que pasa por mi cabeza en una red de millones de computadoras, accesible a cualquiera que busque un par de palabras clave de lo mucho que aquí escribo. Bastan unos cuantos clics para que algún alma perdida se asome por estos lugares. Claro, cualquiera puede acceder.

Pero, ¿realmente alguien lo hace? Este contenido es tan abstracto (incluso si me conoces en persona), repetitivo y castrante, que me resulta ridículo que alguien pueda estar siguiéndome. No soy ni siquiera lo suficientemente constante para escribir: en ocasiones tardo meses en volver a aparecer. Entonces, ¿habrá alguien que haya llegado aquí, y le haya interesado algo de lo que escribo?

Muy probablemente, estoy casi 100% segura, de que nadie me está leyendo. Podría incitar algún comentario, pero sería ridículo estarle hablando al aire. La verdad, ni siquiera lo necesito (de hecho me parecería sumamente vergonzoso darme cuenta de que, en efecto, la gente lee mis niñerías)... tan solo me pregunto si alguien podría sentirse identificado con alguno de mis pensamientos. ¿O acaso estoy sola en todo esto?

Sea cual sea la respuesta, algo me queda muy claro: nada de esto debería preocuparme. Porque a fin de cuentas, siempre he estado sola. Y así han funcionado relativamente bien las cosas.

domingo, 11 de enero de 2015

El camino que recorrí

Sólo espero que no sea cíclico o que me lleve de nuevo al punto de inicio, porque no sé cómo lo tomaría. El dolor es acumulativo, y revive con cada vuelta al pasado. Lo único que se puede hacer al respecto es cambiar la forma en que los enfrentas... y a veces, si tienes suerte, quizá ya estés un poco anestesiado por los golpes de la vida.

No sé, hoy tenía muchas ganas de escribir, y tenía un par de ideas para comenzar... pero mi cabeza se ha drenado. Bueno, aún hay una escena que no quiero desechar, pero me preocupa hasta qué punto es ficción y qué tanto es un deseo inconsciente de una promesa que ya no debería tener validez. Debería dejar de cumplir promesas a personas que se han alejado de mi lado. 

Pero no puedo evitarlo, así soy.

¡Qué desastre soy! Hoy esperaba al menos escribir algo medianamente decente en esta entrada, y sólo me encuentro con una maraña inconexa de pensamientos, y mi mente divagando por todos y ningún lugar. Como si todos los ingredientes suculentos para un buen texto se hubieran mezclado en una licuadora para dar como resultado una pasta insípida que poco nutre y nada aporta al mundo. Ni siquiera a mí. 

Dejo entonces aquí la única prueba de que quiero continuar escribiendo, y en momentos tan malos para la inspiración, soltar unas cuantas palabras es mejor que negarte a escribir del todo. A fin de cuentas, todo es cuestión de práctica y constancia. Y quizá en un par de horas, después de una siesta, tenga una visión más clara. 

sábado, 10 de enero de 2015

Incertidumbre

Releer mis entradas viejas, o mis diarios anteriores, siempre me lleva a una pregunta esencial, a la cuestión de la que derivan todas estas palabras —a veces ilógicas e inconexas—: ¿Sigo siendo la misma persona? 

No lo sé. No estoy segura.

Algunas cosas han cambiado; otras permanecen exactamente igual. A decir verdad, si tuviera la oportunidad de hablar con una versión antigua de mí misma, no estoy segura de si podría entenderla... o ella a mí. Todo es tan confuso. Leo cosas del pasado y veo sufrimiento en asuntos que ya no me duelen. Luego continúo y leo mis mismas preocupaciones actuales. En el pasado pensé que ciertas cosas se solucionaban con la perfección. Hoy más que nunca estoy plenamente consciente de la necesidad del amor propio y estoy más enamorada de mí misma que en cualquier época pasada; ello no implica, tampoco, descuidar la salud física, emocional e intelectual de uno mismo.

Ciertas nubes se han disipado, aunque también es evidente que nuevas aparecen. La edad sólo me hace consciente de la vanidad de la vida, de las presiones que aparecen con la claridad de la mente. En algunos aspectos te aprisionan, y con cada decisión que tomas, delimitas tu árbol de oportunidades en la vida. De pronto resultan ridículas las cosas que hacías hace un par de años, pero muy en el fondo te gustaría seguir actuando como el niño o joven que fuiste. 

Es cierto, ya no soy la misma, ni pienso lo mismo, ni hago lo que hacía hace algunos años. Pero la esencia de lo que alguna vez fui permanece y renace cuando se enfrenta con el pasado.

Feliz 2015

Un año más.


Aquí me encuentro inaugurando una vez más las entradas de un año nuevo, que como todos, al menos te deja el consuelo de redención, de cambio, del potencial que se avecina. Porque nada ha sucedido, tan sólo depende de uno mismo escribir nuestro destino y lograr nuestros sueños... o destrozarlos, según el caso.



Siempre trato, en la medida de lo posible, mantener este sentimiento de logro y grandeza de enero para todo el año. Una vez, en un 2009, me propuse algo que me cambió la vida... y vaya que lo logré. Desde esa ocasión, he documentado bien mis metas y trato de realizarlas en la medida de lo posible. Algunas son ambiciosas, otras tantas más sencillas... pero al menos no pierdo el rumbo de lo que quiero ser y lo que quiero lograr. Y vaya que eso me ha llevado a experiencias y situaciones maravillosas, inesperadas, pero sobre todo, que me han enseñado algo para vivir. Al menos ahora hay menos cosas que no conozco y el panorama se hace muy amplio. Me emociona, pero no por ello deja de ser abrumador.



Y bueno, sinceramente tengo muy buenas expectativas para mí en este año. Tengo dos metas principales, una que es retomar el camino que alguna vez logré en el 2009 y la otra es concerniente a una nueva etapa de mi vida. A partir de esta segunda meta, estoy segura de lograr todo lo demás que me propuse... ya que finalmente todo está relacionado a mi crecimiento intelectual y social. 



Lo voy a lograr. Y voy a regresar aquí, en 365 días, a confirmar dichas metas.



Lo juro.