jueves, 25 de diciembre de 2014

El dolor de la partida

Algo que me ha caracterizado siempre, y que es intrínsecamente parte de mí es que me cuesta mucho trabajo dejar ir a alguien que alguna vez fue parte importante en mi vida. 


Quizá sea algo que todos sufrimos en mayor o menor grado. Sin embargo, esto me ha provocado dolores innecesarios en muchas ocasiones. Me aferro a los recuerdos, a las épocas doradas, a momentos de mi pasado que ya no reflejan a la persona que solía ser. El tiempo pasa, y las personas cambiamos. Yo cambio y tú también cambias.



¿Es culpa de alguien que, después de tanto tiempo, ya no tengamos tema de conversación? ¿Que nuestros intereses hayan cambiado, o que lo que alguna vez nos dio gracia, ahora nos causa una repulsión mutua? 



Aunque duela, a veces es mejor dejar ir a las personas. He caído mil veces en el error de intentar reparar una relación... y a veces lo único que necesitaba era ser atesorada en recuerdos que al menos dejan una sensación de felicidad y melancolía. Esto último es preferible a destrozar los destellos de la memoria, a quedarte con lo peor de la otra persona, y tener un remordimiento que carcoma el alma.



Me ha costado mucho trabajo, pero finalmente puedo decir que ya no es necesario retener a los que alguna vez amé para continuar con mi vida. Porque las personas fácilmente vienen y van. Se pueden ir, y si quieren volver, mis brazos siguen abiertos. Pero si deciden no regresar, bueno, al menos tendrán una mano amiga que se agita en el aire en señal de despedida, deseándoles lo mejor en este breve resplandor que llamamos vida.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Por qué no tengo novio

... y probablemente no lo tendré pronto. Aquí va la lista:

  • Porque necesito más que un par de semanas para conocer a las personas. Soy de la firme opinión de que no puedes creer que conoces a alguien tras un par de salidas. ¿Acaso sabes las manías, defectos o peculiaridades de una persona por haber salido a cenar o al cine? ¿Cómo vas a darte cuenta en unos meses qué tanto de lo que te dice es mentira o verdad? Y no porque sea mentiroso con dolo, sino porque la cabeza de las personas genera autoengaños que ellos mismos creen -o quieren hacer creer- para justificar sus comportamientos errantes. Se necesitan años para desmenuzar cada movimiento inconsciente del otro, adivinarle el pensamiento, desnudar su alma... pero los hombres no tiene años para mí. A veces ni siquiera meses.
  • Porque detesto que me estén siguiendo la pista. Que me cuestionen en dónde estoy y a dónde voy es muy de mi incumbencia. Desde que tengo mi carro propio, ya ni a mis padres les platico con lujo de detalle a dónde voy o cuál es mi destino. Tan sólo aviso que llegaré a cierta hora. Y eso por el mínimo de cortesía que les merezco por haberme criado toda la vida. ¿Pero a un fulano que no tienes más que dos veces de haberlo visto? ¡Por dios!
  • Porque aborrezco que me presionen. El amor, para mí, es lento. Nace sin darse cuenta y producto de una convivencia que no resulte exhaustiva seguir al pie de la letra. Florece en el momento en que te das cuenta que los encuentros casuales no son suficientes, y de pronto el tiempo hizo su trabajo en querer desear el otro a tu lado. Si todavía no ha llegado el momento propicio de entablar algo más que casual, ¿por qué se empeñan en presionar la situación?
  • Porque la sexualidad es el medio, no el fin. Que me busquen simplemente para acostarse una noche, satisfacer los placeres de la carne sencillamente no es lo mío. Busco que me abracen después de una noche apasionada, que en el momento cúspide busquen tu mirada... que el amor se desborde por la piel. Que el sexo sea un medio para confirmar el amor, no un fin último meramente físico.
  • Porque odio que minimicen mis intereses. Que crean que el querer estar con ellos implique que pierda mi autonomía, o que nada sea más importante que explayarse en el amor en pareja me enferma. Sí, quizá te quiera... pero tengo otras miles actividades y pasiones en mi vida que a menudo requerirán de mi soledad para llevarlas a cabo. Ah, ¿no te pongo atención? ¿Es que no recuerdas el momento en que te dije que no iba a estar disponible? Tengo una vida, y desgraciadamente no todo gira alrededor de ti. 
  • Porque odio la cursilería. Mentira, no la odio. Adoro exponer las cursilerías de mis sentimientos en palabras escritas. Manifestar la belleza del lenguaje en palabras empalagosas me resulta poético... mencionárselas a alguien en la vida real me parece enfermizo. Sí, quizá te adore, ¿pero qué acaso se tiene que manifestar constantemente en palabras vacías que se lleva el viento? Para eso las escribo, para que no se las lleve el viento. Y para eso te demostraría que te amo en los detalles más convencionales... no tengo por qué parecer merolico o un perico bien entrenado.
También tengo otras razones, pero las anteriores sí son válidas en cualquier relación y para la mayoría de los contextos según mi criterio. Lo demás pues, sí, quizá sean mis errores... pero finalmente no puedo obligarme a sentir algo que no me nace. 

Que me disculpe el mundo por ser como soy.

sábado, 18 de octubre de 2014

No entiendo

Sencillamente eso, no entiendo nada.

Quizá sea porque no estoy enamorada de nadie en este momento, o porque jamás he estado en una relación estable en mi vida, pero hoy me puse a pensar en cómo sería estar saliendo con alguien, gastar tiempo y dinero en una relación que no sabes si funcionará en un largo plazo. Y me sentí vacía. No me veo, al menos de forma inmediata, conviviendo con alguien y tratar con otros problemas existenciales además de los míos para sentirme plena. Tengo otras cosas en mi cabeza, y meter a otro mundo en mi propio universo no hace más que causarme ruido. Porque estar con otra persona es eso, tratar con otras estructuras mentales, tener otros paradigmas que romper, ajustar tus costumbres a las de él... se hace todo un proceso cansado en una vana búsqueda de combatir la soledad.

Lo sé, a veces me desesperaba. Solía desesperarme demasiado en mi soledad. Necesitaba que alguien estuviera a mi lado reafirmándome lo que valgo y todo lo buena que soy. Como si no valiera lo suficiente por el simple hecho de no tener a nadie a mi lado. Lo reconozco, alguna vez fue así, pero con el paso del tiempo se ha reducido considerablemente.

Ahora disfruto de mi soledad. Disfruto conocerme en los momentos más duros y dar rienda suelta a mis propias necesidades, deseos y temores. Veo lo difícil que es tratar con mi sola presencia, entonces se me antoja imposible apaciguar a otro ser humano de la manera en que yo lo intento con mi mundo interior. Creo que uno debe sentirse al menos en una armonía estable para intentar estar con otro. El tumulto de sentimientos, el dramatismo de la falta de comunicación, las expectativas irrealistas no provocan más que malos entendidos, frustraciones y finalmente el dolor del abandono. Y luego viene el proceso de la idealización, de ver el pasado y los recuerdos como los entes más bellos... como si aquellos desplantes de ira y sufrimiento fueran verdaderos símbolos de amor, cuando simplemente eran manifestaciones de seres humanos errantes que quizá se quisieron, pero no pudieron demostrarlo de la manera correcta. 

Sí, soy escéptica porque no estoy enamorada. Vanalizo las relaciones porque ya no recuerdo cómo es estar en una y sentirse ilusionada. Porque ya me da miedo vivir en la incertidumbre del estado de ánimo del otro, de que la felicidad de tu día esté en función de los sentimientos de alguien más... me resulta demasiado estresante. Porque yo soy la freak del control, la que llora por coraje e impotencia y no por verdadera tristeza. Claro que no comprendo nada de eso. No lo quiero comprender.

Por eso es que no entiendo. Nada de nada.

domingo, 12 de octubre de 2014

Interminable

Me sorprende lo mucho que me he tardado en volver a este medio. En mi última entrada hablé de que mis tristezas parecen estar en función del número de veces que aquí escribo en el año... si tengo desde enero sin escribir, ¿no sería eso una señal de que mi vida ha estado sustancialmente mejor?

Podría decirse que sí. Pero también es que he estado lo suficientemente ocupada en mis metas... encontré un trabajo mucho más acorde a lo que quería, de repente las clases me parecieron más amenas, estoy a punto de terminar una etapa importante en mi vida... todo se está cumpliendo, quizá no todo al cien por ciento como quisiera, pero finalizará de todos modos. Eso será bueno, porque me ayudará a renovarme y deshacerme de fantasmas pasados. El obstáculo mayor ahora no es más que una pequeña piedra que habrá que patear para moverla del camino. Las cadenas que me ataban se desvanecen, y sólo quedo yo y ese potencial sin explotar del todo.

He estado triste varias veces. Pero las ocupaciones han sido más fuertes que mi debilidad emocional. Tenía que seguir adelante a pesar de todo. ¿Y saben qué? Estoy orgullosa de eso. Porque la vida está permanentemente vinculada al sufrimiento... y ese dolor nos recuerda cuánto debemos apreciar lo que tenemos, disfrutar esos pequeños instantes que no reconoces como felicidad sólo hasta que se han marchado. Un parto, aunque doloroso, trae la felicidad del nacimiento de un ser vivo... la muerte que desemboca en lágrimas refleja lo importante que fue esa persona en vida. Venimos al mundo a afectarnos, a aprender, y a crecer espiritualmente, a sufrir y compartir esos malsabores de la vida.

Entonces sí, he sufrido mucho. Pero también he aprendido lo que mis sufrimientos me dicen: que estoy viva, y que no pretendo desperdiciar ni un minuto de mi tiempo.

Así está el asunto. 

sábado, 4 de enero de 2014

Tristeza

Me sorprende ver que ya tengo alrededor de 4 años de tener este blog. Sobre todo, es para mí un logro que siga escribiendo aquí ya que me consideraba una persona inconstante en mis compromisos no tan esenciales. Pero de un tiempo acá he sido capaz de ser más perseverante y no dejar caer mis metas, por más pequeñas que sean. Y heme aquí, escribiendo palabras melancólicas una vez más.


No es ningún secreto que este es el espacio donde he escrito las cosas más tristes de mi vida. A decir verdad, solamente entro a este blog para externar mi desesperación cuando ésta se encuentra al límite. Es por ello que encuentro aquí las más bellas y desgarradoras palabras que mi mente puede crear, y a su vez es también por eso que no entro seguido.


No siempre estoy triste. Mi alma no llora todo el tiempo, pero sin duda los pequeños disgustos se van acumulando al punto en el que ya no puedo pensar en nada más que el dolor. Y vengo, escribo y escribo, hasta ver que mis dedos viertan una desdicha que me congoja en el alma. Y luego puedo seguir.


Puedo medir mi tristeza en el número de entradas por año. Así, quizá el 2012 habrá sido el más triste de los últimos tiempos. El 2013 no fue mucho mejor, pero también considero que tuve poco tiempo para escribir... y ocuparme de algo distinto a la escuela o el trabajo.


Creo que, considerando la lógica anterior, una meta razonable sería reducir las veces que escribo aquí, pero tampoco quiero dejar de hacerlo. Encuentro en la tristeza fugaz un destello de preciosura poética, un halo de romanticismo, un mal necesario para una persona que desea escribir una novela. Incluso si no quisiera publicar algún texto mío, encuentro necesaria la tristeza en algunos momentos de la vida para disfrutar plenamente la felicidad rimbombante, es parte de la vida, el conjunto de todo. La dicotomía en la que vivimos los seres humanos día a día.


Entonces, pensando en todo lo anterior, creo que está bien si me siento triste. Si estoy mal, siempre tengo mis letras para escapar, para externar mi malestar y seguir adelante. Porque lo único que importa al caer es que debes levantarte sin importar las circunstancias.


Y yo me levanto cada día esperando un nuevo amanecer.