miércoles, 21 de enero de 2015

Dibujando

Sin afán de sonar pretenciosa, presumida o egocéntrica, he de decir que tengo aptitudes para dibujar. A lápiz, al menos. Casi nunca lo practico, pero de vez en cuando se me antoja hacer uno que otro boceto para demostrarme que puedo hacerlo. Y bueno, la mayoría de las veces tomo mi rostro como referencia para dibujar. ¿Que por qué? Pues soy linda, evidentemente, además de que los rasgos femeninos me son más sencillos de plasmar en papel. Hacer a un chico me resulta muy difícil, en realidad.

Bueno, el caso es que normalmente me baso en fotografías mías en las cuales mi rostro está prácticamente de frente y no existe tanto problema con las perspectivas. No son hiperrealistas, pero son un tanto decentes, según mi propio juicio. Hoy quise ir un poco más allá de mi zona de confort e intenté realizar uno de mí, sentada... en un ángulo extraño, de tal manera que mi cuerpo sale un tanto oculto.

Me salió fatal.

Claro, jamás practico perspectivas, ni cosas fuera de rostros o acaso cuerpos de frente. El vestido que traía en dicha foto era de cuero, y la iluminación de cada una de las arrugas era imposible de imitar. ¿El resultado? Me convertí en un pobre alien cabezón (eso sí, con lindo cabello), que en vez de tener mirada penetrante, parece tener miedo. Me dibujé las piernas mucho más GORDAS (y vaya que ya las tengo bastante obesas) y mis manos parecen salidas de una caricatura de los años cincuentas... así con cuatro dedos. He de decir, en mi defensa, que mis pulgares no aparecen en la foto. Les dije que mi cuerpo estaba oculto.

¿Cuál es la moraleja de esto? Que si quieres ser aunque sea medianamente bueno en algo, debes invertir el tiempo necesario para lograr tal maestría. Claro, tener aptitudes y habilidades ayuda a avanzar más rápido, pero uno no puede esperar a ser magnífico a partir de la nada. Y por eso aquí estoy, haciendo dibujos sencillos que salen bien, o escritos que quizá parezcan decentes porque solo me limito a hablar de mis sentimientos. La falta de constancia me ha llevado a la mediocridad de conocer únicamente mi propio rostro e imitarlo a lápiz, o escribir simplemente lo que resuena en mi cabeza. No me he impuesto metas más ambiciosas... o bien, quizá lo haya intentado y al fracasar me he rendido. 

Simplemente no debería ser así.

No pretendo hacer promesas que no cumpliré, pero sí creo poder expandir mis horizontes y ponerme en los zapatos del otro aunque sea por unos instantes. Conocer otros rostros, posiciones... vaya, intentar comprender la sustancia de las personas. Esto tanto en el ámbito físico como en el emocional (dibujo y escritura). Quizá con un poco de constancia no sólo mejore mis habilidades artísticas, sino también las sociales.

Y tal vez, sólo tal vez tenga la posibilidad de...

sábado, 17 de enero de 2015

Padre

Papá,

Lamento informarte que tú eres el hombre que más me ha hecho llorar en esta vida. Has sido aquél que ha forjado gran parte de mis complejos, y que me ha sofocado en ciertos aspectos hasta el punto de volverse insoportable. Aunque te amo con todo mi corazón, no puedo evitar recordar con lágrimas algunos momentos del pasado; sin embargo, este no es el momento de recriminar viejos tiempos, sino de dejar hablar a los fantasmas de nuestras disputas.

Sé que no soy la persona perfecta, y que yo también cometo errores. Evitamos hablar de los problemas porque es lo más sencillo. Cuando nos enfrentamos a las personas estando molestos, sabemos con qué palabras dañaríamos al otro; y de pronto nos creemos autosuficientes, como si no necesitáramos de sentimentalismos, o de la otra persona en general. ¿Sabes? Me he dado cuenta de que esto que tú y yo hacemos no es más que lo que he aprendido en casa, de lo que he visto en tu comportamiento y tu personalidad. A pesar de estar consciente de nuestras similitudes, aquí te escribo mi berrinche, lo que me hace arder de coraje y rabia cada que decides enfrentarme. 

¿Por qué sólo hablas de los problemas cuando estás molesto? Es el peor momento para decir lo que sientes, porque con tu tono y desdén sólo me lastimas hasta puntos insospechados. ¿Y después, cuando soy capaz de hablar? Cuando estoy lista para hablar de manera civilizada, tan sólo ignoras lo malo, y las dificultades se echan a un lado, acumulándose hasta el punto en el que ya no se pueden ignorar más. 

Entiendo tus preocupaciones. Pero tú no entiendes las mías. Algún día debía de crecer, y es imposible que pretendas seguir tratándome como lo hacías hace diez años. Sé que el mundo está lleno de peligros y dificultades, ¿pero de qué otro modo puedo desarrollarme como persona, si no me pierdo yo misma en las peculiaridades de la vida moderna? ¿Acaso esperas seguir protegiéndome de todo peligro, tal cual infante o pre adolescente? Hace diez años, no sabía del mundo... y hoy tampoco tengo una gran idea porque me has mantenido aislada de las dificultades. Es bueno mantenerse alejado de los excesos, pero un poco de diversión responsable no me llevará a la locura. Al contrario, el control que pretendes tener de mí es lo que me está desquiciando.

Otra cosa que me parece inconcebible es el hecho de que creas que te miento. Sé que las circunstancias apuntan a que dije mentiras, que los hechos se conectaron de tal manera que parezco una sucia mentirosa... pero nunca me enseñaste a mentir, y no he tenido razones para hacerlo. Así que, ¿por qué mentiría esta vez? ¿Por qué no me tienes la suficiente confianza para creer un poco en mí? ¿Acaso alguna vez he traicionado lo que crees de mí? ¿He hecho algo que haya sido causa de decepción? No lo creo. Aunque sea algo petulante, he de decir que soy una hija excepcional en muchos aspectos. No perfecta, pero mejor que cualquier hijo promedio.

Sé que jamás podré luchar contra tus reglas, porque vivo bajo tu techo, pero espero que no te sorprenda ni te moleste en el instante en que decida marcharme. Antes, acataba todo lo que me decías porque no tenía ningún medio para subsistir por mi cuenta y de hecho me parecía injusto divertirme a expensas de lo que habías ganado con tanto esfuerzo. Pero ahora que las cadenas económicas se han desvanecido... ¿qué me va a impedir ir afuera y conocer el mundo? Ciertamente tus palabras molestas no me van a detener. Y como he aprendido bien de ti, mejor huyo del conflicto con una ruptura limpia. En algún momento tenía que decirte adiós. Tan sólo me has orillado a acelerar el proceso tan pronto como pueda.

Independientemente de todo esto que acabo de escribir, quiero que sepas que esto no significa que no te amo. Al contrario, te adoro con todo mi corazón. Estas diferencias de pensamientos e inquietudes sólo me demuestran que lograste algo genial conmigo: crear un ser humano independiente que puede ser capaz de cuidarse a sí mismo, que tiene criterio y es capaz de ir más allá de la simple comodidad. 

Gracias por todo. Te quiero mucho.

Atentamente:
Tu hija.

martes, 13 de enero de 2015

¿Hay alguien ahí?

En serio. ¿Hay alguien por ahí leyendo todas estas idioteces que escribo cada tanto?

Sí, suena estúpido preguntarlo. Por una parte, estamos en la Web. Estoy publicando lo que pasa por mi cabeza en una red de millones de computadoras, accesible a cualquiera que busque un par de palabras clave de lo mucho que aquí escribo. Bastan unos cuantos clics para que algún alma perdida se asome por estos lugares. Claro, cualquiera puede acceder.

Pero, ¿realmente alguien lo hace? Este contenido es tan abstracto (incluso si me conoces en persona), repetitivo y castrante, que me resulta ridículo que alguien pueda estar siguiéndome. No soy ni siquiera lo suficientemente constante para escribir: en ocasiones tardo meses en volver a aparecer. Entonces, ¿habrá alguien que haya llegado aquí, y le haya interesado algo de lo que escribo?

Muy probablemente, estoy casi 100% segura, de que nadie me está leyendo. Podría incitar algún comentario, pero sería ridículo estarle hablando al aire. La verdad, ni siquiera lo necesito (de hecho me parecería sumamente vergonzoso darme cuenta de que, en efecto, la gente lee mis niñerías)... tan solo me pregunto si alguien podría sentirse identificado con alguno de mis pensamientos. ¿O acaso estoy sola en todo esto?

Sea cual sea la respuesta, algo me queda muy claro: nada de esto debería preocuparme. Porque a fin de cuentas, siempre he estado sola. Y así han funcionado relativamente bien las cosas.

domingo, 11 de enero de 2015

El camino que recorrí

Sólo espero que no sea cíclico o que me lleve de nuevo al punto de inicio, porque no sé cómo lo tomaría. El dolor es acumulativo, y revive con cada vuelta al pasado. Lo único que se puede hacer al respecto es cambiar la forma en que los enfrentas... y a veces, si tienes suerte, quizá ya estés un poco anestesiado por los golpes de la vida.

No sé, hoy tenía muchas ganas de escribir, y tenía un par de ideas para comenzar... pero mi cabeza se ha drenado. Bueno, aún hay una escena que no quiero desechar, pero me preocupa hasta qué punto es ficción y qué tanto es un deseo inconsciente de una promesa que ya no debería tener validez. Debería dejar de cumplir promesas a personas que se han alejado de mi lado. 

Pero no puedo evitarlo, así soy.

¡Qué desastre soy! Hoy esperaba al menos escribir algo medianamente decente en esta entrada, y sólo me encuentro con una maraña inconexa de pensamientos, y mi mente divagando por todos y ningún lugar. Como si todos los ingredientes suculentos para un buen texto se hubieran mezclado en una licuadora para dar como resultado una pasta insípida que poco nutre y nada aporta al mundo. Ni siquiera a mí. 

Dejo entonces aquí la única prueba de que quiero continuar escribiendo, y en momentos tan malos para la inspiración, soltar unas cuantas palabras es mejor que negarte a escribir del todo. A fin de cuentas, todo es cuestión de práctica y constancia. Y quizá en un par de horas, después de una siesta, tenga una visión más clara. 

sábado, 10 de enero de 2015

Incertidumbre

Releer mis entradas viejas, o mis diarios anteriores, siempre me lleva a una pregunta esencial, a la cuestión de la que derivan todas estas palabras —a veces ilógicas e inconexas—: ¿Sigo siendo la misma persona? 

No lo sé. No estoy segura.

Algunas cosas han cambiado; otras permanecen exactamente igual. A decir verdad, si tuviera la oportunidad de hablar con una versión antigua de mí misma, no estoy segura de si podría entenderla... o ella a mí. Todo es tan confuso. Leo cosas del pasado y veo sufrimiento en asuntos que ya no me duelen. Luego continúo y leo mis mismas preocupaciones actuales. En el pasado pensé que ciertas cosas se solucionaban con la perfección. Hoy más que nunca estoy plenamente consciente de la necesidad del amor propio y estoy más enamorada de mí misma que en cualquier época pasada; ello no implica, tampoco, descuidar la salud física, emocional e intelectual de uno mismo.

Ciertas nubes se han disipado, aunque también es evidente que nuevas aparecen. La edad sólo me hace consciente de la vanidad de la vida, de las presiones que aparecen con la claridad de la mente. En algunos aspectos te aprisionan, y con cada decisión que tomas, delimitas tu árbol de oportunidades en la vida. De pronto resultan ridículas las cosas que hacías hace un par de años, pero muy en el fondo te gustaría seguir actuando como el niño o joven que fuiste. 

Es cierto, ya no soy la misma, ni pienso lo mismo, ni hago lo que hacía hace algunos años. Pero la esencia de lo que alguna vez fui permanece y renace cuando se enfrenta con el pasado.

Feliz 2015

Un año más.


Aquí me encuentro inaugurando una vez más las entradas de un año nuevo, que como todos, al menos te deja el consuelo de redención, de cambio, del potencial que se avecina. Porque nada ha sucedido, tan sólo depende de uno mismo escribir nuestro destino y lograr nuestros sueños... o destrozarlos, según el caso.



Siempre trato, en la medida de lo posible, mantener este sentimiento de logro y grandeza de enero para todo el año. Una vez, en un 2009, me propuse algo que me cambió la vida... y vaya que lo logré. Desde esa ocasión, he documentado bien mis metas y trato de realizarlas en la medida de lo posible. Algunas son ambiciosas, otras tantas más sencillas... pero al menos no pierdo el rumbo de lo que quiero ser y lo que quiero lograr. Y vaya que eso me ha llevado a experiencias y situaciones maravillosas, inesperadas, pero sobre todo, que me han enseñado algo para vivir. Al menos ahora hay menos cosas que no conozco y el panorama se hace muy amplio. Me emociona, pero no por ello deja de ser abrumador.



Y bueno, sinceramente tengo muy buenas expectativas para mí en este año. Tengo dos metas principales, una que es retomar el camino que alguna vez logré en el 2009 y la otra es concerniente a una nueva etapa de mi vida. A partir de esta segunda meta, estoy segura de lograr todo lo demás que me propuse... ya que finalmente todo está relacionado a mi crecimiento intelectual y social. 



Lo voy a lograr. Y voy a regresar aquí, en 365 días, a confirmar dichas metas.



Lo juro.