viernes, 23 de noviembre de 2012

Entendimiento


Ya sé, comprendo perfectamente lo que estás haciendo. 


Pensé que podía ser completamente sincera contigo pero sospecho que me equivoqué. Tengo la leve impresión de que aún crees que no soy lo suficientemente madura para darme cuenta de la situación. 


Sé que piensas que quizá estaré perdiendo mi individualidad estando a tu lado, pero es un hecho, al menos para mí, que amarte no implica que pierda mi esencia o mi capacidad de discernir entre el deber y el placer.


He amado intensamente en mis relaciones pasadas, pero créeme que esta vez, la prioridad en mi vida son mis planes a futuro, mi carrera, mi independencia. Quizá seas parte de mis planes, pero no eres el centro de mi vida. Con mucho dolor he aprendido que el único centro que debe existir en mi mundo soy yo. Porque no se puede confiar en nadie, ni siquiera en aquellos a quienes tanto se ama. 


Te he dicho lo que siento, ¿aún así te atreves a dudar de mí? La distancia no va a provocar que deje de sentirte, de anhelar tocarte y besarte. 


A pesar de que no te mencione mis sentimientos a cada momento, es un hecho que ellos no se han ido. 


Y hoy, hoy me siento en la confianza de aceptarlo.  No a ti, evidentemente, porque provocaría que te alejaras aún más, pero no necesito decírtelo. Basta con que yo misma acepte mis sentimientos.

Te amo. Tan sencillo como eso.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Deseo

Deseo aclarar malentendidos y decirte que te quiero. Demasiado. Y que te extraño. Demasiado. 


¿Por qué no podemos hablar de frente, como los adultos centrados que pensábamos ser? 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Miedo

Hoy, desde hace mucho tiempo tengo miedo. Después de tanto tiempo, lloré y por culpa de un hombre. Y la falta de claridad en el porvenir no hace más que acrecentar este sentimiento de incertidumbre y pesar.


No he hablado con él en una semana. Quizá suene poco, pero para mí cada día fue eterno. Pensé, inmediatamente que quizá algo le había pasado porque, a pesar de que sabía que había leído mis mensajes, no me contestaba. ¿Qué pasaba? La duda me quitó el sueño por todos estos días. 


También, como pocas veces pasa, la duda me carcomía al punto en que creo que durante esta semana descuidé por completo la escuela. Incluso ahorita siento que si me fue mal en estos dos exámenes, poco me importaría.


Me habló y me dijo que no había estado contestando los mensajes que le envié porque estaba deprimido... que le costaba expresarse cuando estaba deprimido.

Mi primera reacción fue de enojo: si tan sólo me hubiera escrito antes, al menos hubiera tenido la calma de saber que estaba bien, que nuestra interrupción a nuestra eterna conversación era simplemente por un estado interior suyo. Y luego me sentí mal, porque, en vez de ayudarlo a salir, probablemente lo habría hundido más de lo que ya estaba. Mi corazón lloraría si hubiese sido yo la provocadora de ese acontecimiento.


Luego, ya en mi soledad pensé: yo también tuve unos días difíciles esta semana. Algunas "amigas" me demostraron abiertamente que no lo eran, causándome solamente más incomodidad y desdicha. Anduve en exámenes y poco pude concentrarme. Gente de la que me quiero alejar se acerca, mi mejor amiga estaba demasiado ocupada como para apoyarme en ella... sé que todo esto hubiera sido nada si él hubiera estado conmigo, pero tuve que aguantar, adjunto a su ausencia, todo lo demás. Mi humor se convirtió en una maraña horrible de pensamientos fatalistas y desamor.


Ya al menos estoy tranquila de que él está bien. Pero mi miedo persiste, y es el miedo a que la distancia nos separe... y me deje. No podría hacer nada al respecto si él así lo decide, pero apenas estaba disfrutando de nuestra relación, como para que repentinamente se vaya. Lo quiero mucho. Le diría lo que he querido decirle de no ser porque esas palabras solamente se pueden decir mientras se tiene a la persona enfrente, pero no quiero que me corte la oportunidad antes de siquiera haber intentado estar juntos de verdad. Lo quiero, y no quiero que se vaya.


Espero pronto recupere su buen humor y esté bien. Por él y por mí. Porque, como le dije, si él está mal yo lo resiento más.  Y que de nuevo, me diga cuánto me quiere. Porque yo a él lo adoro.



"The scariest thing about distance is that you don’t know whether they’ll miss you or forget you."

domingo, 4 de noviembre de 2012

Silencio

¿No te pasa? Que escuchas a la gente hablar y hablar, y lo único que quieres es que se callen... porque cada palabra, cada sonido que emiten es como un martilleo incesante en tu cabeza, que no te deja pensar con claridad.

Otra vez, personas estúpidas abren su asquerosa boca para esparcir tonterías. Sentimientos falsos y mentiras que victimizan al punto en el que la propia víctima termina siendo la culpable, la irrazonable, la única razón que impide la felicidad.  

Quiero que se callen, todos, de una vez por todas. 

Creo que la sordera no vendría mal, después de todo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Por siempre primavera - Primer borrador

Esta historia como tal no tiene un inicio ni un final. Es como una serie de eventos cíclicos que se repiten una y otra vez, donde no sabes si un evento es causa o consecuencia de uno posterior, porque ése último vuelve a ser preponderante y decisivo para dicha repetición. He de suponer, y con ello intuyo que el lector lo ha considerado evidente, que hubo algo que hizo meterme dentro del círculo... sin embargo, no tengo un panorama claro que me permita establecer un comienzo. Para mi memoria y mi perspectiva, un día cualquiera el destino (o el libre albedrío, para aquellos no creyentes) me hizo entrar en la maraña que aquí mismo describo.

Odiaba el frío. Para mí, un lugar ideal era aquél en donde nunca existiera el frío como tal. Aunque, tampoco diría que el calor extremo me resultaba un placer acogedor. Los días nublados, lluviosos y con una ligera frescura en el ambiente me resultaban ideales. Como los días de primavera. 

Apenas y terminó el verano en mi país, decidí comprar el primer boleto de avión al sur. Al sur; donde las manecillas del reloj giran en sentido inverso al convencional. Aquél lugar en donde otoño no era otoño y en donde, cuando aquí acaban las cosas, allá comienzan. En el sur también existen otoños e inviernos, sin embargo es el momento en el que puedo marcharme sin mayor remordimiento.

Cabe resaltar que mi razón para ir no era solamente el clima. Allá se encontraba mi amor, mi dicha, y mi felicidad. Ése, al que adoraba con locura. Por supuesto, él era una de las razones por las cuales siempre había un calor acogedor en mi vida, a pesar de la distancia. 

¿Cómo lo conocí? Me resulta insulso pensarlo, porque de esa primera vez jamás pensé que fuera a convertirse en lo que de pronto se ha convertido en mi vida. El primer comentario que me hizo, después de un acercamiento tan brusco y poco elaborado, estaba relacionado a una vulgaridad que hoy en día, para mí, no tiene nada de vulgar. Con una expresión tan burda y directa, se dirigió a mí para decirme tan insolentemente que deseaba que tuviéramos relaciones sexuales. No podría decir que en ese entonces no me hubiese espantado, porque me consideraba inocente y muy poco sabia respecto a la vida... no obstante ese tipo de comentarios, suyos al menos, más que asustarme me causaron curiosidad, ya que era el primero en atreverse a decirme algo por el estilo tan abiertamente y fuera de lugar. Contrariamente a las expectativas ajenas, le sonreí y le dije que no me parecía nada mal la idea. También sonrió. Y entonces me di cuenta que su plan malévolo de acercarse y dejar un impacto en mí había dado los resultados esperados.

Conociéndolo, me fui dando cuenta que su interés por mí pasaba a un nivel más allá del casual que quiso aparentar la primera vez. Al parecer, había esperado el momento e incluso había sopesado la posibilidad de que podría resultarme pesado o molesto. Y por ello, contuvo su personalidad tan característica conmigo. Un poco, al menos.

Pero precisamente a mí me llamaba la atención por ello: por su personalidad.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Calaveras literarias

El título de la entrada hace alusión a una de las tradiciones que más me gustan del día de muertos. Son irreverentes, insultantes y muy divertidas, con un poco de crítica social y sobre todo, características del humor de los mexicanos ante situaciones que no siempre son las mejores.

En fin, la siguiente entrada poco tiene que ver con ello. En realidad, sólo quería plasmar en este momento algunas palabras que quiero escribirle, pero que por verguenza a parecer pesada o desesperada, no me atrevo a decirle hasta mañana, al menos. Quizá y ya plasmándolo como es debido me detenga sólo para evitar espantarlo. Tengo miedo de llegar a un estado que pueda parecerle excesivo, que empiecen las limitaciones. No lo quiero, pero tengo que sacar del corazón todo lo que él contiene. 

En fin, aquí va.


Sé que queremos separar la emoción de la razón. Que tratamos de poner nuestros sentimientos como un ente aparte para que ellos no nos nublen el raciocinio y el buen criterio. Pero muchas veces es difícil separar del cuerpo, como una entidad ajena, aquello que se siente en el corazón y en el alma. Pero a pesar de las limitaciones evidentes, yo no puedo dejar de sentir esto que me acelera el corazón cada que hablo contigo. Y que me cambia el ritmo de la respiración cuando me escribes. Y que me hace pensarte en los momentos más extraños y curiosos. 


Te quiero, muchísimo. Quizá te lo habré repetido para este momento demasiadas veces. Quizá consideres incluso hasta monótona la expresión, de tanto que te lo he dicho. ¿Pero sabes? Cada que la digo es porque de verdad me nace, y porque de verdad lo siento.


Me haces sonreír cada que pienso en ti. Aguardo las horas necesarias para poder cruzar palabras y otra vez, vertirte mi corazón y mis sentimientos. Por supuesto que durante todo el día, tanto tú como yo llevamos a cabo múltiples actividades que sólo nos incumben a nosotros y a todas esas otras personas que también forman parte importante en nuestra vida. Pero, al menos, en esos momentos en donde estoy conmigo misma, en mi propio rincón privado de mi mente, te pienso, y te pienso junto a mí.

Te quiero, no sabes cuánto. A pesar de que llevemos poco tiempo realmente "juntos" (y lo pongo entre comillas porque ya sabes la razón que me impide usar esa palabra en toda su expresión), para mí siempre has estado desde el momento en que te conocí. Tengo más de cuatro, quizá incluso cinco años de conocerte. Y siempre me has gustado. Me has gustado en todas tus facetas, pero hoy me gustas más, mucho más. Y es que he crecido. Y tú también lo has hecho.


Hoy veo las posibilidades más reales que nunca. Será porque he dejado de ser una adolescente y sé que puedo lograr todo aquello que deseo, si realmente me lo propongo. Creo que, proponiéndomelo, no tardaría mucho en llegar a tu lado... pero es evidente que no será lo mejor ni para ti ni para mí. Sé que, más allá del cariño que sintamos, lo primordial es el bien propio y el del otro. Y que si hoy mi impulso me hiciera correr a ti, estaría huyendo de lo que es mejor para ambos.


No falta mucho tiempo en realidad. Sé que eventualmente tendré el privilegio de tocarte, sentir tu esencia y tu calor. Tan sólo deseo que, por favor, sepas ser paciente para esperarme. Yo lo haré. Estoy segura de que lo haré. Sólo no quiero perderte en el proceso, como lo hemos hecho algunas veces en estos últimos cinco años. Gracias a dios, siempre hemos vuelto a estar juntos. Pero esta vez resentiría mucho más tu partida. Espero no te vayas.

Te quiero, te quiero mucho. No me atrevería a agregar más a estas palabras porque creo que el resto de mis sentimientos sólo podrían ser expresados de manera personal y única.