Las cosas aquí son muy sencillas, en realidad, y mi jodida cabecita no se dio cuenta hasta que me la hicieron otra vez. Tan fácil como esto: si el hombre no te persigue hasta el cansancio, es que simplemente no le interesas.
Para él tú eres una meta, un objetivo difícil por el simple hecho de ser digna de su interés. Si has llegado al nivel en donde tú eres objeto de su amor, ¡no te preocupes, has logrado ya tu objetivo! No importa qué tan mal lo trates, cuánto lo ignores o lo grosera que seas, para él será una prueba de dificultad que eventualmente tendrá que traspasar. El hombre, desde su perspectiva, considera que cualquier maltrato de la mujer es solamente una prueba para demostrar cuánto realmente la amas. Así que, a menos que la situación de hostilidad dure prolongadamente, será capaz de soportar los desdenes que se te antojen, siempre y cuando tengan un mínimo de recompensa, un pequeño vistazo de las dulzuras del amor que puedes otorgarle. No necesita traducirse inmediatamente en relaciones sexuales, no. Una simple sonrisa, un tierno beso en la mejilla, cualquier señal de que está avanzando es luz verde para continuar en su camino luctuoso para tenerte. Porque eres un objeto, uno que debe corresponderle después de haber soportado tanta adversidad. Se lo debes, no cualquiera aguantaríaa tus berrinches y exigencias.
Esto me lleva al segundo caso, ya que todo aquí es blanco o negro. ¡Que se vayan a la chingada las tonalidades grises, como si existiera tal cosa! En fin, el segundo caso es que al individuo no le interesas. Sí, puedes hablarle, quizá tengan una conversación un poco más profunda de lo normal, incluso como chica piensas: ¡qué genial poder estar con alguien así, que no te persigue hasta el cansancio! Que es agradable, lindo, y pensante: que no es como el resto de los que se vuelven locos y desagradables por conseguir un par de buenas piernas. Pues bien, mi querida ilusa, déjame decirte que puedes ver su verdadera personalidad, fuera del juego de la caza, porque no le interesas. Así de sencillo. No tiene incentivos para ser insistente: ¿por qué habría de buscarte si no eres su objetivo? Luego, si le demuestras que tú sí tienes un poco de interés en él, usará esa situación a su antojo. Si no le queda nadie más con quien salir, quizá te invite. Eres su última alternativa, manipula tus sentimientos para tener compañía cuando no pueda más con su verdadero objetivo. Y como no le interesas tanto, cuando tenga mejores cosas que hacer te ignorará sin avisarte... porque de todos modos, eres la idiota que sigue estando tras de él. Aquí, los roles se revierten, y nos encontramos con una mujer que acepta desplantes a cambio de que, algún día correspondan su amor. Como una mujer abusada y golpeada por su marido, esperando que algún día las cosas mejores mágicamente.
Ya sea el primero o segundo caso... es evidente que, tanto hombres como mujeres pueden manipularte a través de tus sentimientos, así como también de dichas situaciones nace el amor entre dos personas: a fin de cuentas, lo que sostiene las relaciones es la tolerancia, el olvido del orgullo y el aceptar que a veces debes de perder para mantener la paz. Lo que me resulta realmente repulsivo es esa dinámica ridícula, el choque entre poderes y los roles de género tradicionales que desencadenan situaciones de ansiedad emocional tanto para hombres como para mujeres. El simple hecho de que no se cuestionen o se detengan a analizar un poco el daño que implica seguir al pie de la letra las expectativas de cada género nos lleva a olvidar que, antes de tratar con una mujer o un hombre, estás tratando con un individuo pensante... alguien que no necesariamente responderá de la misma manera a las fórmulas tradicionales del cortejo. El hecho de que alguien manifieste un interés expreso en ti no significa que soportará desplantes o malos tratos de tu parte... hay un mínimo de respeto que se debe a cualquiera por el simple hecho de ser persona, y no se pueden violar sólo porque eres objeto de su devoción. Es lo que me sigue provocando frustraciones, enojos... y así como yo no utilizo a los que no correspondo con sentimientos, yo espero que tampoco se burlen de los míos.
Y por eso estoy jodida, porque la gente... los hombres en términos generales, no se van a detener a pensar en mis sentimientos. Y me van a lastimar si me involucro más de la cuenta.
¿Qué me queda? No lo sé, pero cada vez resulta todo más insoportable. No tengo quince años como para andar soportando dramas ajenos. Quiero mi paz mental. Mi tranquilidad. Y claro, de vez en cuando un poco de compañía me hace falta.
Pero nunca a ese precio.