Y vaya que las da. Si me hubieran dicho hace un año que estaría viviendo en otra ciudad, con quien alguna vez consideré mi verdugo... no me la creería.
Hasta cierto punto, sigo sin creérmela del todo.
Han pasado demasiadas cosas desde la última vez que escribí aquí. Sufrí, gocé. Amé, perdí, y me recuperé. Sané lentamente y hoy me encuentro plena y feliz.
Las dudas nunca se van; jamás nos vamos a sentir completa seguridad ni tendremos total control de la situación. Sólo nos queda confiar en que, si es necesario, sabremos retirarnos con dignidad.
Así pasen seis meses, seis años, o toda una vida.