viernes, 11 de enero de 2013

¿Qué se hace?

Hoy mientras venía caminando por la calle, en vigilia, pensé en mi constante tumulto de sentimientos. De aquellas sensaciones que si bien son momentáneas y pasajeras, vuelven con cierta intensidad cuando menos las espero. Son ese tipo de reacciones que me hacen pensar si realmente aquello que pensaba ser historia sólo termina siendo reprimido por mi subconsiente. De mi corazón rasgado y maltratado, una manera de autoprotección.

¿En qué momento uno sabe que ha superado un doloroso pasado? ¿Cuando, si se habla de ello, no se te encoge el corazón? ¿Si eres capaz de afrontarlo como una etapa más de tu vida? ¿Si ya no te provoca algún sentimiento? 

¿Y qué tal si, por otra parte, aquello que sucedió no viene al caso? Nunca hablas de ello, ni vuelve a ser tema de sobremesa. Si queda enterrado en la memoria --que, sigo insistiendo, es engañosa y traicionera: poco confiable. Un arma de doble filo--, ¿quiere decir que ya terminó? ¿Cómo sabes si tu falta de reacción se debe a que el dolor está entumecido en lo más recóndito de tus recuerdos. Esos que ves en cortinas de humo, los cuales tienes que agregar detalles propios para completar la imagen completa.

Hoy por hoy, me he dado cuenta de que realmente nadie ha sido lo suficientemente fuerte para tambalearme y hacer que mi memoria recuerde mis sentimientos. Sólo uno. El primero, el único hasta ahora. Ello no quiere decir que los otros hayan sido menos dolorosos. 

Pero él, el primero, incluso a pesar de los años, sigue estando presente, con una gran exactitud. Tengo bien claro ese amalgama de sentimientos que me provocaba. Los otros y apenas son pequeñas brisas dentro de ése mismo huracán, errático, sin patrones. Que va y viene cuanto menos le espero.

¿En qué momento el corto plazo se vuelve largo plazo? ¿Cuándo sabré si lo que siento hoy será algo duradero, o solamente una explosión de los instintos que rugen desde mis entrañas?