sábado, 21 de agosto de 2010

Ciégame con tus palabras


Déjame me pongo la venda en los ojos. Háblame, dime todo aquello que quiero oír. Eventualmente podrás ir callando, y yo podré seguir adelante con la venda de tus mentiras. Y llegará un punto en el que no necesite más de la venda física, porque se habrá formado otra más limitante, más cegadora, más profunda: una con mis ilusiones. Eventualmente podrás alejarte, y te prometo que no te diré nada porque teniendo esa venda yo podré verte a cientos de kilómetros. Estaré ciega, pero así podré recordarte más claramente en mi corazón.


Y, alma mía, ¿dónde estás? No quiero saberlo, prefiero que te marches cuando tenga la venda puesta, así no podré seguirte hasta la eternidad. El día en que la venda se caiga, será muy tarde para reclamarte, pues ya no estarás ahí a mi lado.

Ciégame con tus palabras antes de que te vayas, que soy de esas personas que pueden vivir años aferradas a los recuerdos. Un beso tuyo me bastaría para vivir ilusionada toda la vida, porque siendo sinceros, ¿cuándo tendré alguna vez el privilegio de probar tus labios?

jueves, 19 de agosto de 2010

Oye tú

"A nadie te pareces desde que yo te amo".
Pablo Neruda

Aunque siempre he pensado que eres diferente. Y tan diferente que eres, terminas siendo igual que los demás, tan igual a todos, tan igual a mí. Yo también le doy mis interpretaciones a tus palabras, y luego miento diciendo que todo era una broma. Porque es más fácil encubrir lo que sientes en una broma: siempre puedes retractarte de tus palabras porque se supone que no iban en serio. ¿Y si te dijera que todo lo que te digo es en serio? ¿Y si supieras que realmente lo que intento decir a la ligera es de verdad? ¿Y si supieras que de vez en cuando yo también te escribo una canción desesperada?

¿Y si supieras que tan sólo soy una mujer?

miércoles, 18 de agosto de 2010

Soy una idiota

Soy una idiota por buscarlo, por querer hablarle, por volver a escuchar su voz. Por no entender que está lejos, y que es más probable que muera sin tener la más remota idea de cómo huele el aroma de su esencia. También lo soy por llegar a pensar que él también me recuerda a mí a media noche mientras medio dormida me pongo a soñar en mis anhelos. Por imaginar que sus palabras eran exclusivas para mí. Por creer que yo era la única... porque, vamos, ¿cuándo, alguna vez, lo mencionó fuera de mis sueños?

Pero más soy una idiota por estar consciente de todo esto, y no poder... no QUERER hacer algo por remediarlo. Porque a pesar de que mi mente está ocupada la mayor parte del día, siempre queda, a media noche, el vestigio de su persona en mi memoria.

Y ahí me ves, como un perrito faldero, andando tras tu espalda esperando que quieras volver a mirarme tan sólo una vez más.