1. Déjame tener a mí la razón. Por más que mis ideas sean descabelladas, encuéntrales sentido y asiente conmigo.
2. Recuerda los detalles que te digo de mí. Un día, cuando la situación amerite, recuérdame que los sabes, y yo entenderé que eso es señal de que te importo.
3. Hablemos de vanalidades. Jamás hablo en serio, nunca esperes que te diga de frente lo que me pasa o lo que siento.
4. Déjame mentir, que yo siempre miento. Y no significa sí la mayoría de las veces.
5. Un día, sin decir más vete. Ignórame, aléjame. Con eso bastará para que todo lo anterior tenga sentido para mí.
En mi retorcida lógica, así funcionan las cosas.