martes, 13 de enero de 2015

¿Hay alguien ahí?

En serio. ¿Hay alguien por ahí leyendo todas estas idioteces que escribo cada tanto?

Sí, suena estúpido preguntarlo. Por una parte, estamos en la Web. Estoy publicando lo que pasa por mi cabeza en una red de millones de computadoras, accesible a cualquiera que busque un par de palabras clave de lo mucho que aquí escribo. Bastan unos cuantos clics para que algún alma perdida se asome por estos lugares. Claro, cualquiera puede acceder.

Pero, ¿realmente alguien lo hace? Este contenido es tan abstracto (incluso si me conoces en persona), repetitivo y castrante, que me resulta ridículo que alguien pueda estar siguiéndome. No soy ni siquiera lo suficientemente constante para escribir: en ocasiones tardo meses en volver a aparecer. Entonces, ¿habrá alguien que haya llegado aquí, y le haya interesado algo de lo que escribo?

Muy probablemente, estoy casi 100% segura, de que nadie me está leyendo. Podría incitar algún comentario, pero sería ridículo estarle hablando al aire. La verdad, ni siquiera lo necesito (de hecho me parecería sumamente vergonzoso darme cuenta de que, en efecto, la gente lee mis niñerías)... tan solo me pregunto si alguien podría sentirse identificado con alguno de mis pensamientos. ¿O acaso estoy sola en todo esto?

Sea cual sea la respuesta, algo me queda muy claro: nada de esto debería preocuparme. Porque a fin de cuentas, siempre he estado sola. Y así han funcionado relativamente bien las cosas.

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