Hoy me levanté de un sueño que me estremeció. Al parecer, mi mente se tomó la libertad de tomar partes de una y otra conversación, y amalgamarlos para realizar una pesadilla disfrazada de sueño común...
Y bien, lo que me tiene consternada no es el sueño, sino la terrible posibilidad que se abrió a mis ojos. En ese sueño, traicionaba a una amiga, conquistando a la persona que ella quería. Y más aún, haciéndome la inocente, como si hubiera sido "por accidente" cuando no fue así. Lo hice con toda intención, porque ese hombre representa todo lo que estoy buscando. A grandes rasgos, al menos; juzgando por encima.
Ni siquiera conozco a la persona en cuestión, pero sé que puedo lograr conocerlo si me lo propusiera. Hoy mi mente se ha obstinado en hacer todo lo posible por conquistarlo, hacerlo mío, que ruegue por mi amor... y todo porque quiero algo que valga la pena ser presumido. Es decir, si todo lo que he sufrido anteriormente fue por una razón superior, supongo yo que es para demostrarme que llegaría alguien mil veces mejor que viniera a desvanecer mi desilusión.
Estoy consciente de que el fin no justifica los medios. En este momento, una parte de mí le está gritando a la otra para ponerse en manos a la obra. Y esa otra mitad reniega de ello. "No está bien, para nada, ni por asomo", susurra, dubitativa. Sé que tengo ambos lados de la moneda, y que normalmente suelo hacer lo correcto... sin embargo, el miedo que me corroe en el alma es precisamente que la parte de mí que busca lo correcto está silenciándose, en tanto que la impulsiva está tomando la batuta de la situación.
En estos instantes, no sabría decir si tengo la mente más clara que nunca, o si, por el contrario, la neblina que cubre mis pensamientos es tan densa que me hace pensar que veo blancura, una pureza inmaculada. He puesto mis ojos en un reto mayor, en algo que trasciende más que un simple amor pasajero. Mis ojos están fijados al horizonte más lejano, a la certeza de un futuro confortable, a... la comodidad del porvenir. Pero sé que para ello tendré que trabajar muy duro, y quizá pisotear a unas cuantas personas con tal de lograrlo. Mi parte corrupta está dispuesta a tomar acción, y su contra-parte idealista y pura está en duda, queriendo rechazar aquella propuesta de la corrupción. Pero no encuentra razón para negarse.
¿Así de lastimada me encuentro que ni siquiera puedo pensar en la destrucción de mi propia moral? Puedo culpar a mil personas de mis desgracias, pero yo estoy tomando mis propias decisiones. Hoy no encuentro motivos para comportarme a la talla de mis estándares morales, así que la corrupción me está envolviendo poco a poco, acallando a esa voz llamada consciencia.