Un año más.
Aquí me encuentro inaugurando una vez más las entradas de un año nuevo, que como todos, al menos te deja el consuelo de redención, de cambio, del potencial que se avecina. Porque nada ha sucedido, tan sólo depende de uno mismo escribir nuestro destino y lograr nuestros sueños... o destrozarlos, según el caso.
Siempre trato, en la medida de lo posible, mantener este sentimiento de logro y grandeza de enero para todo el año. Una vez, en un 2009, me propuse algo que me cambió la vida... y vaya que lo logré. Desde esa ocasión, he documentado bien mis metas y trato de realizarlas en la medida de lo posible. Algunas son ambiciosas, otras tantas más sencillas... pero al menos no pierdo el rumbo de lo que quiero ser y lo que quiero lograr. Y vaya que eso me ha llevado a experiencias y situaciones maravillosas, inesperadas, pero sobre todo, que me han enseñado algo para vivir. Al menos ahora hay menos cosas que no conozco y el panorama se hace muy amplio. Me emociona, pero no por ello deja de ser abrumador.
Y bueno, sinceramente tengo muy buenas expectativas para mí en este año. Tengo dos metas principales, una que es retomar el camino que alguna vez logré en el 2009 y la otra es concerniente a una nueva etapa de mi vida. A partir de esta segunda meta, estoy segura de lograr todo lo demás que me propuse... ya que finalmente todo está relacionado a mi crecimiento intelectual y social.
Lo voy a lograr. Y voy a regresar aquí, en 365 días, a confirmar dichas metas.
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