domingo, 22 de noviembre de 2015

Serendipia

Me gusta estar contigo porque es algo que nunca espero, simplemente sucede en los momentos en que menos me imagino. Porque, estando a tu lado, no hay ni bienvenidas ni despedidas... ni miedo a que te vayas, porque nunca estuviste. Tan fugaz, tan breve como el paso de la brisa, que ocasionalmente se arremolina en un mismo lugar, y de pronto, se desvanece para dirigirse a un destino incierto. 

Me gusta el calor que desprende de tu cuerpo por mi causa, pero más disfruto dormir a tu lado, y encontrarme con tus ojos azules ocasionalmente. Tímidamente, aparto la mirada, pues rehuyo a la idea de perderme en ellos y entrar al mundo de calamidades que innecesariamente padecen los débiles enamorados. Tan sólo quiero sentir tu piel, y quedarme con el vestigio de ese calor. 

Pero lo que más me gusta, después de apartarnos de todo y de todos por un par de horas, es que puedo volver a mi realidad, pensando que todo aquello fue un sueño... sin añorar nada más, que el recuerdo que has forjado en mi mente. Un recuerdo físico, puramente físico. 

No necesito más.

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