miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ego

Ya me cansé de decir que ya no siento algo cuando en realidad no es así. O bueno, no sé si sí lo siento o no. Es que no tengo idea de qué es lo que quiero. Casi nunca lo sé.


Hace poco, él me dijo que le gustaba otra. ¿Qué sentí en ese momento? ¡No tengo idea! Es decir, pensé que no sentiría nada... pero sé que hubo algo. Sé que sentí algo y no tengo la más remota idea de cómo definirlo. ¿Me dañó el ego?, ¿me dolió?, ¿me hizo sentir mal? Me gustaría entenderme un poquito más para saber qué fue, y me gustaría más ser alguien más para ver mi cara en el momento en que lo dijo y darme una idea de cómo reaccioné.


Una amiga me ha preguntado varias veces si todavía lo quiero. Le he dicho que no. Otra amiga me lo preguntó hoy, y ahora le dije que en realidad no me importa, pero no le dije que no tajantemente como a la primera. A ambas les fui sincera, porque era lo que sentía en ese momento. Pero a la primera le respondí antes de que supiera la noticia, y a la otra después.


Siempre termino queriendo lo que no tengo.


Por eso decidí que no puedo ser o blanco o negro... no voy a intentar más entender qué siento. Me dejaré llevar por lo que sienta en ese momento, y dejaré de darle una explicación lógica a algo que nunca lo ha tenido, ni lo tendrá. Nos complicamos demasiado... cuando los sentimientos no se deberían de explicar, solamente hay que dejarlos fluir. Así muchas cosas serías más fáciles.


Y a partir de este momento, todo será diferente porque dejaré de pensar en qué sentirán los demás, para empezar por primera vez a pensar que es lo que YO quiero de .

sábado, 23 de octubre de 2010

Una historia larga

Hablo, escribo, pienso y reflexiono mucho sobre el amor. Siempre. Sé que existen muchas clases de amores: el amor a los hermanos, a los padres, a los amigos... pero sobre el cual mi mente pierde la razón y mi corazón se acelera no es ninguno de esos tipos de amor. Es el otro amor. Ese tipo de amor. El amor. Usar más palabras para definirlo está demás porque, de hecho, cuando la mayoría de las personas habla sobre el amor se refieren a este amor del que ahora no encuentro palabras para referírmele.


En mi vida solamente he estado enamorada una vez. Yo tenía doce años y hasta entonces lo más que conocía sobre el amor era sobre los príncipes azules en los cuentos de hadas. ¿Amor? Sí, lo pensaba, pero nunca tuvo un matiz tan profundo para mí... hasta que lo conocí.


Yo no lo busqué ni mucho menos. De hecho me sorprende la forma en que lo conocí, pues fue más un acontecimiento casual que algo que yo haya buscado. Estaba en unos cursos particulares en la tarde (de los cuales no mencionaré su naturaleza por carecer de importancia) además de la escuela. Un día yo, por flojera más que por otra causa, me fui a mis cursos en el uniforme de mi secundaria. No era lo más bonito ni mucho menos: consistía en un pantalón de mezclilla y una playera tipo polo. El cabello aún lo llevaba recogido tal y como lo había llevado a la escuela, ¡vaya que sí me veía tremendamente mal! pero... ¿cómo iba a saber yo que conocería ese día precisamente a mi primer amor? Salí ese día del curso y esperaba a que vinieran por mí. Él me vio, miró mi uniforme y se me acercó. Por mi uniforme, se dio cuenta que estaba en su misma escuela, y ahí supe que él era un año mayor que yo y que, estábamos mucho más cerca de lo que habíamos imaginado ya que también estaba en mi mismo curso verspertino. ¿Cómo reaccioné? No hubo amor a primera vista ni mucho menos... sólo me pareció un muchacho lindo y, bueno, me gustó, pero punto.


El día siguiente me senté junto a él. Volvimos a hablar de sabrá dios qué. Me seguía pareciendo lindo. Así pasaron los días, en el que yo lo veía en nuestra clase juntos, hablábamos, nos reíamos y jugábamos. Tenía detalles que nadie antes había tenido antes. Me hacía caso, se interesaba en mis cosas... ¡había indirectas de que le gustaba! Alguna vez me llamó corazón y el corazón mismo me dio un vuelco cuando oí las palabras de sus labios. Cada día, él hacía algo que me conquistaba. No, no es que sus esfuerzos fueran enteramente dedicados a mí, sino que simplemente su personalidad misma, su forma de ser y sus actos (entre los que incluían los dirigidos hacia mí tales como su atención e interés) llenaban a cada momento mi corazón y mi alma.


No recuerdo el momento en el que su nombre se apoderó de mi cabeza. Lo pensaba unos momentos, lo pensaba unos minutos... lo pensaba unas horas, ¡lo pensaba siempre! Me ponía ansiosa por verlo, por estar de nuevo a su lado, por enamorarlo. En ese entonces era ingenua y no pensaba en qué hacer para mantenerlo interesado en mí... me dedicaba a pensar tanto en él que la percepción sobre mí quedaba en un segundo plano. Era él y lo que yo pensaba de él. Era él y mis sentimientos. Era él y un retazo de mí.


Por otra parte, en la escuela siempre lo veía en el receso. Siempre estaba en el mismo lugar con sus amigos... y ahí me acercaba yo para admirar su figura desde lejos. Nada importaba más que tenerlo presente. La idea de estar junto a él era para mí en ese entonces un delirio, un pedazo de paraíso en mi mundo, era como estar en el cielo. Las horas juntos era como miel, tan dulces y suaves. Perdía la cabeza por pensar en nosotros dos juntos, en él y yo. Solos los dos, lejos de este mundo... Si todo hubiera seguido de la misma manera yo hubiera sido inmensamente feliz. Ni siquiera me importaba si le gustaba o no, con tal de estar a su lado yo era la persona más afortunada del universo.


Pero pronto la felicidad absoluta terminó. Cuando nos graduamos del nivel del curso dos meses después, al siguiente él se cambió de horario. Ya no lo vería más en mi clase... ¡me causó tanto dolor! Pero podía soportarlo, siempre lo veía en la escuela.


Sí, lo veía, pero ya no tenía la oportunidad de hablar y estar con él. Conforme los días pasaban mi ansiedad por acercármele aumentaba al punto de la locura. Pensaba en él mucho más que nunca. Imaginaba en mi cabeza las mil y una formas de inventar una excusa para hablarle... y nada. Tampoco él se me acercaba, lo que también era una apuñalada a mi corazón. Yo era una chica tímida y jamás había pasado por mi cabeza el tener la iniciativa de acercármele primero.


Pero fui fuerte. Un día me acerqué hacia él, inventando una excusa tan tonta para hablarle que ni siquiera merece ser mencionada. No fue el momento oportuno porque estaba alrededor de sus amigos... y una chica. Los ignoré. Me planté frente a él y le pregunté por algo. Enseguida me mató con su frase:

"No te conozco, no sé quién eres, por favor deja de molestarme"


Sus amigos se rieron de mí, y la chica también. Mi corazón se partió en mil pedazos ese momento, me asesinó en unos segundos. Fui fuerte, porque me mostré imperturbable, algo molesta quizá, pero sé que jamás le demostré cuanto me dolieron sus palabras. Desde ese momento nunca volví a dirigirle la palabra.


Más tarde descubrí que esa chica era su novia. Y que él ahora no quería estar con personas como yo por sus amistades elitistas y egocéntricas, tal y como lo era su novia.


Lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo. A pesar de lo que me dijo esa vez, no podía detener mi amor hacia él. A diario, tenía una lucha interna por mis sentimientos de amor y odio hacia la misma persona, la misma que me había llevado al cielo y que ahora también me había llevado al infierno. A pesar de que debía odiarlo, lo amaba. Lo seguía buscando con mi mirada a diario.


¡Y quizá mi amor hacia él hubiera muerto antes de no ser porque su mirada seguía encontrándome! Cada que lo buscaba, ahí estaba él, mirándome fijamente, buscándome entre las multitudes. Podía notar que a pesar de reír con sus amigos, una mirada vacía se dirigía hacia el horizonte, y luego, sus ojos tristes se posaban mí, rogándome, suplicándome perdón por aquella bajeza que me hizo. Ahora, hoy en día, albergo la duda sobre si realmente esa búsqueda suya hacia mí era porque había sentimientos más o si solamente eran una disculpa de la amable persona de la que alguna vez me enamoré y la cual él enterró por intereses absurdos e imbéciles.


Fueron dos años de tortura, en los que a pesar de que no lo tenía a mi lado, mi mente nos seguía dibujando juntos. A pesar de la barrera que él mismo impuso entre nosotros, sus ojos me brindaban esperanza de que... alguna vez él se acercara e intentara hablarme. Esas miradas alimentaron mi alma y mantuvieron vivo ese amor, que se apagó en el momento en el que él se graduó y se marchó para siempre. Después de esos dos años necesité otro año más para olvidarlo y para darme cuenta finalmente de que, en efecto, mi primer amor había terminado.


Fuera de mi ceguera tras estar enamorada me di cuenta de que, a pesar que tras leer mi situación así tal cual la escribo parezca una simple obsesión de adolescente, lo amé con todo mi corazón. Nunca fui capaz de odiarlo del todo porque simplemente no podía. Lo amé tan profundamente y me causó tantas cosas que hoy en día no he vuelto a sentir desde su partida. Lo amé al punto de perder la noción de mi persona cuando estaba cerca de él... lo amé como nunca, hasta este punto de mi vida, he amado a nadie. Lo amé tanto sin recibir realmente amor... lo amé, lo amé, lo amé.

Sé que aún soy joven, pero ahora tengo algo más que experiencia en la vida que cuando tenía doce años y puedo decir con seguridad que nunca me he enamorado de nuevo desde ese entonces... porque nadie me ha hecho sentir hasta ahora ni una décima parte de lo que alguna vez sentí por él. He cambiado, lo sé, pero tengo la certeza de que si me enamoro, me sentiré de nuevo en el paraíso como alguna vez me sentí con él.

A unas cuantas personas les he contado esto... y sé que el tono en el que lo digo, la falta de detalles sobre mis sentimientos (realmente soy terrible hablando sobre mis sentimientos, lo detesto), y la situación en sí hacen que suene como un acontecimiento más, algo superfluo y sin mucha trascendencia. Pero creo que, si alguien leyera esto, su perspectiva sobre mi primer amor cambiaría. Supongo que nunca le he dado el matiz al tema que necesitaba para expresar realmente lo que siento.


Hoy escribo esto porque añoro volver a sentir que amo a alguien con locura tal y como me sentí esa vez en la que me enamoré perdidamente. Ya no lo amo, eso es claro, pero volver a recordar todo lo que sentí alguna vez me trae esperanzas de que, cuando se presente de nuevo a mí el amor tan casualmente como lo hizo esa vez, sentiré de nuevo que todo, absolutamente todo en esta vida tiene un motivo muy especial.

viernes, 22 de octubre de 2010

Capricho

Oh... el capricho duró un mes. Bueno, un mes y cuatro días. Qué tristeza que fuera el más real y el más corto a su vez. Quizá del mismo modo en que parecía más probable de suceder, también era el más asesinable, el más vulnerable. Pero no fue mi culpa, oh no. Yo intenté que la posibilidad de la ilusión aumentara, que él se enamorara de mi patosa personalidad y mi torpeza general. No fue mi culpa: fue la suya por pensar en amores pasados; en frutos que ya pasaron su etapa madura y que ya no se cosechan ni sirven más que para abonar enredaderas y hiedra venenosa, de esa que no hace más que cegar tu perspectiva y envenenarte con su calaña. No fue mi culpa y quizá tampoco la suya porque en los sentimientos no se manda.


Y ahora mismo estoy mandándome a mí misma porque no tengo, ni tuve, sentimientos profundos hacia él. Jamás me dio la oportunidad de hacer nacer algo entre los dos.


No, esta vez no estoy triste. Esta situación es sólo otra flor más arrancada del jardín de Neruda, porque...


"podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera"
Pablo Neruda

lunes, 4 de octubre de 2010

Hoy

La garganta me arde, mientras que mi cuerpo tirita de frío
Cualquier golpe es doloroso, pero se disfraza con el dolor que ya siento de antemano
Mis ojos lloran sin razón, y rojos, parecen que han bebido sangre.

Sí, tengo gripe y me siento mal, muy may... tanto como para dejarte en un segundo plano y concentrarme en mis lágrimas aparentemente causadas por la gripe. Hey, esta vez es en serio.

jueves, 30 de septiembre de 2010

De pronto me miras

Pero no significa nada. Soy parte del paisaje, como una piedra, que ocupa un espacio más sin ser tomada en cuenta para el verdadero objetivo: algo que está más lejos y que definitivamente sé que no soy yo. Lo malo no es que mires al paisaje y no a la piedra, sino que la piedra crea que puedas voltear a verla si tienes algo mucho más bello en el horizonte.
Qué tonta es la piedra por pensar que podrías ponerle atención... teniendo más allá de ella una montaña. ¿Por qué pensar en la piedra si es tan ínfima, tan insignificante para ser tomada en cuenta?
Qué tonta es la piedra por pensar que a ella le tomaron la foto, que venías a admirarla a ella.
Qué tonta es la piedra por enojarse si la patean para que no arruine el paisaje.
Qué tonta es la piedra por querer que la pateen hacia el lado contrario para ponerse en medio del objetivo.
Qué tonta es la piedra por no saber cuál es su lugar, y cuál es el de la montaña.

Pero bueno, ¿qué se puede esperar de una piedra?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Nada de nada.

Siempre critiqué a aquellos que, cuando están en un dilema sentimental escogen lo correcto, y no lo que de su felicidad depende. Escogen lo que 'creen que será lo mejor' pero... ¿mejor para quién? ¿para ella? ¿para él? Para ninguno de los dos, quizá. Para un tercero, quizá, y ni siquiera éste se salva. ¿Cómo saben qué será lo mejor para el otro si ni siquiera tienen la capacidad suficiente para decidirse por lo que realmente quieren? Si no pueden quedarse con lo que desean, ¿cómo pueden esperar decidir, por lo tanto, por otra persona?

Estos días pensé, por un momento, que tenía uno de esos dilemas... y por primera vez entendí la dificultad de escoger lo correcto y lo deseado. Llega un momento en el que no sabes ni siquiera cuál opción es cuál. ¿Estaré escogiendo lo correcto? ¿Estaré escogiendo lo que deseo? Acabo de darme cuenta que, evaluando objetivamente la situación... de ninguna forma una opción es más correcta que otra. Me percaté también que ya ni siquiera sabía lo que realmente quería... y que escoger alguna de las dos opciones significaba perder una parte de mí, mientras que el escoger a ambas era insostenible y doloroso... engaño. Un engaño, que acabaría con los dos y conmigo.
Pero, no sé si afortunada o desafortunadamente, también supe a final de cuentas que todo era producto de mi imaginación y al final... no tengo, ni nunca tuve nada.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Tango

Hoy me gusta el tango, y me gustas tú. Ayer me gustaban el bolero, y me gustaba alguien más.
Mañana... ¿mañana quién me dirá si me gustará el tango, o me gustarás tú?
Hoy escucho tu canción. Ayer escuchaba la de otro, ¿mañana seguiré escuchando la misma de vos?

Es gracioso que pienses que el amor es un sentimiento que se vive en el momento, que es pasajero, del que no se tiene certeza de su existencia el día de mañana mientras yo te digo que el mío perduraría a través del tiempo, que es irrevocable y eterno.

¿Con qué cara vengo yo a decirte eso si ni siquiera tengo la certeza de que mañana siga escuchando tu canción?

De lo único de lo que estoy segura es que hoy, en este momento, escucho tu canción, y te escucho a vos.

sábado, 21 de agosto de 2010

Ciégame con tus palabras


Déjame me pongo la venda en los ojos. Háblame, dime todo aquello que quiero oír. Eventualmente podrás ir callando, y yo podré seguir adelante con la venda de tus mentiras. Y llegará un punto en el que no necesite más de la venda física, porque se habrá formado otra más limitante, más cegadora, más profunda: una con mis ilusiones. Eventualmente podrás alejarte, y te prometo que no te diré nada porque teniendo esa venda yo podré verte a cientos de kilómetros. Estaré ciega, pero así podré recordarte más claramente en mi corazón.


Y, alma mía, ¿dónde estás? No quiero saberlo, prefiero que te marches cuando tenga la venda puesta, así no podré seguirte hasta la eternidad. El día en que la venda se caiga, será muy tarde para reclamarte, pues ya no estarás ahí a mi lado.

Ciégame con tus palabras antes de que te vayas, que soy de esas personas que pueden vivir años aferradas a los recuerdos. Un beso tuyo me bastaría para vivir ilusionada toda la vida, porque siendo sinceros, ¿cuándo tendré alguna vez el privilegio de probar tus labios?

jueves, 19 de agosto de 2010

Oye tú

"A nadie te pareces desde que yo te amo".
Pablo Neruda

Aunque siempre he pensado que eres diferente. Y tan diferente que eres, terminas siendo igual que los demás, tan igual a todos, tan igual a mí. Yo también le doy mis interpretaciones a tus palabras, y luego miento diciendo que todo era una broma. Porque es más fácil encubrir lo que sientes en una broma: siempre puedes retractarte de tus palabras porque se supone que no iban en serio. ¿Y si te dijera que todo lo que te digo es en serio? ¿Y si supieras que realmente lo que intento decir a la ligera es de verdad? ¿Y si supieras que de vez en cuando yo también te escribo una canción desesperada?

¿Y si supieras que tan sólo soy una mujer?

miércoles, 18 de agosto de 2010

Soy una idiota

Soy una idiota por buscarlo, por querer hablarle, por volver a escuchar su voz. Por no entender que está lejos, y que es más probable que muera sin tener la más remota idea de cómo huele el aroma de su esencia. También lo soy por llegar a pensar que él también me recuerda a mí a media noche mientras medio dormida me pongo a soñar en mis anhelos. Por imaginar que sus palabras eran exclusivas para mí. Por creer que yo era la única... porque, vamos, ¿cuándo, alguna vez, lo mencionó fuera de mis sueños?

Pero más soy una idiota por estar consciente de todo esto, y no poder... no QUERER hacer algo por remediarlo. Porque a pesar de que mi mente está ocupada la mayor parte del día, siempre queda, a media noche, el vestigio de su persona en mi memoria.

Y ahí me ves, como un perrito faldero, andando tras tu espalda esperando que quieras volver a mirarme tan sólo una vez más.

viernes, 25 de junio de 2010

Reconsiderando

Creo que no estoy lista para seguir adelante como alguien renovada. Apago las ilusiones porque tienen más forma en mi cabeza que en mi realidad, y hoy me di cuenta de qué tan inocente soy al pensar que quizá alguna de esas ilusiones tontas puedan siquiera parecerse a las de mi imaginación. No puedo engañar a una amiga, y mucho menos puedo engañarme a mí misma pensando que quizá pueda llegar a algo con alguien a quién apenas he visto una vez. Creo que mi cabeza intenta ponerle un alto a esta situación, sin embargo mi corazón aún sigue creyendo. Creyendo... como si nunca hubiese pasado nada, como si estuviese virgen, puro, como nuevo.


¿O es que nunca he dejado que le pase nada?

lunes, 14 de junio de 2010

Preguntándose cosas estúpidas

No sé cuál es mi capacidad de seguir adelante y olvidar lo pasado. No sé qué tanto podré evitar que lo que pase hoy no duela mañana, pero me gustaría al menos pensar que lo intento lo más fervientemente posible. Siguiendo el consejo de una amiga, hoy intento escribir para disipar mi enojo en torno a alguien que piensa que puede olvidar fácilmente a una persona... de la nada. Si los años me han mostrado quién eres en realidad a pesar de la distancia, pienso que es probable que en algún punto relativamente pronto te acercarás a mí y me dirás que te perdone, como siempre has hecho. Así lo espero.

Sin embargo no quiero continuar pensando en ti y tu bienestar, y si hoy insistes en darme la espalda yo también te daré la mía.

domingo, 13 de junio de 2010

Siendo otra persona

A veces disfruto de actuar y sentirme como una persona totalmente diferente a mí. Actúo como sé que nunca actuaría siendo yo, digo las cosas sin tener que pensarlas y... sí, un alter-ego. Porque de vez en cuando ésa es la única manera que encuentras para decir aquello que no dirías. Mi alter-ego dice todas esas cosas que a mí me gustaría decir, que a mí me gustaría mostrar sin pensar en el qué dirán ciertas personas que finalmente no vienen al caso. Él es fuerte, es poderoso, mueve multitudes, tiene confianza en sí mismo y tiene tal convicción a pesar de que sabe que puede estar en lo incorrecto.

Sé que muchos piensan que es una broma, y es que bromeo con mi alter-ego, pero para mí representa todo lo que aspiro: a no dejarme llevar por personas ajenas, a tener un poco más de fe en mí misma. Sinceramente espero el día en que la actitud de ese señor gordo bonachón al que admiro (por la forma que ha tomado en mi cabeza) pueda hacer algo más por mí que sólo manifestarse cuando estoy enojada conmigo misma.

Eres un juguete, ¡un juguete!

Son las dos de la mañana y no puedo dormir, será por el alcohol o será porque blalalaláh.

El caso es que es uno de esos momentos en los que uno se pone a pensar en el significado de la vida y lo vacío que resulta el darse cuenta que uno no ha vivido nada, que le falta vivir muchas experiencias. Experiencia, eso es lo que me falta. Tanta gente que no he conocido, tantos lugares que faltan por visitar, tantas cosas que me faltan por hacer, ¿qué hago?, ¿cuándo puedo empezar? A veces siento que lo único que necesito para iniciar es motivación.

Necesito eso, probablemente.