El título de la entrada hace alusión a una de las tradiciones que más me gustan del día de muertos. Son irreverentes, insultantes y muy divertidas, con un poco de crítica social y sobre todo, características del humor de los mexicanos ante situaciones que no siempre son las mejores.
En fin, la siguiente entrada poco tiene que ver con ello. En realidad, sólo quería plasmar en este momento algunas palabras que quiero escribirle, pero que por verguenza a parecer pesada o desesperada, no me atrevo a decirle hasta mañana, al menos. Quizá y ya plasmándolo como es debido me detenga sólo para evitar espantarlo. Tengo miedo de llegar a un estado que pueda parecerle excesivo, que empiecen las limitaciones. No lo quiero, pero tengo que sacar del corazón todo lo que él contiene.
En fin, aquí va.
Sé que queremos separar la emoción de la razón. Que tratamos de poner nuestros sentimientos como un ente aparte para que ellos no nos nublen el raciocinio y el buen criterio. Pero muchas veces es difícil separar del cuerpo, como una entidad ajena, aquello que se siente en el corazón y en el alma. Pero a pesar de las limitaciones evidentes, yo no puedo dejar de sentir esto que me acelera el corazón cada que hablo contigo. Y que me cambia el ritmo de la respiración cuando me escribes. Y que me hace pensarte en los momentos más extraños y curiosos.
Te quiero, muchísimo. Quizá te lo habré repetido para este momento demasiadas veces. Quizá consideres incluso hasta monótona la expresión, de tanto que te lo he dicho. ¿Pero sabes? Cada que la digo es porque de verdad me nace, y porque de verdad lo siento.
Me haces sonreír cada que pienso en ti. Aguardo las horas necesarias para poder cruzar palabras y otra vez, vertirte mi corazón y mis sentimientos. Por supuesto que durante todo el día, tanto tú como yo llevamos a cabo múltiples actividades que sólo nos incumben a nosotros y a todas esas otras personas que también forman parte importante en nuestra vida. Pero, al menos, en esos momentos en donde estoy conmigo misma, en mi propio rincón privado de mi mente, te pienso, y te pienso junto a mí.
Te quiero, no sabes cuánto. A pesar de que llevemos poco tiempo realmente "juntos" (y lo pongo entre comillas porque ya sabes la razón que me impide usar esa palabra en toda su expresión), para mí siempre has estado desde el momento en que te conocí. Tengo más de cuatro, quizá incluso cinco años de conocerte. Y siempre me has gustado. Me has gustado en todas tus facetas, pero hoy me gustas más, mucho más. Y es que he crecido. Y tú también lo has hecho.
Hoy veo las posibilidades más reales que nunca. Será porque he dejado de ser una adolescente y sé que puedo lograr todo aquello que deseo, si realmente me lo propongo. Creo que, proponiéndomelo, no tardaría mucho en llegar a tu lado... pero es evidente que no será lo mejor ni para ti ni para mí. Sé que, más allá del cariño que sintamos, lo primordial es el bien propio y el del otro. Y que si hoy mi impulso me hiciera correr a ti, estaría huyendo de lo que es mejor para ambos.
No falta mucho tiempo en realidad. Sé que eventualmente tendré el privilegio de tocarte, sentir tu esencia y tu calor. Tan sólo deseo que, por favor, sepas ser paciente para esperarme. Yo lo haré. Estoy segura de que lo haré. Sólo no quiero perderte en el proceso, como lo hemos hecho algunas veces en estos últimos cinco años. Gracias a dios, siempre hemos vuelto a estar juntos. Pero esta vez resentiría mucho más tu partida. Espero no te vayas.
Te quiero, te quiero mucho. No me atrevería a agregar más a estas palabras porque creo que el resto de mis sentimientos sólo podrían ser expresados de manera personal y única.
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