Esta historia como tal no tiene un inicio ni un final. Es como una serie de eventos cíclicos que se repiten una y otra vez, donde no sabes si un evento es causa o consecuencia de uno posterior, porque ése último vuelve a ser preponderante y decisivo para dicha repetición. He de suponer, y con ello intuyo que el lector lo ha considerado evidente, que hubo algo que hizo meterme dentro del círculo... sin embargo, no tengo un panorama claro que me permita establecer un comienzo. Para mi memoria y mi perspectiva, un día cualquiera el destino (o el libre albedrío, para aquellos no creyentes) me hizo entrar en la maraña que aquí mismo describo.
Odiaba el frío. Para mí, un lugar ideal era aquél en donde nunca existiera el frío como tal. Aunque, tampoco diría que el calor extremo me resultaba un placer acogedor. Los días nublados, lluviosos y con una ligera frescura en el ambiente me resultaban ideales. Como los días de primavera.
Apenas y terminó el verano en mi país, decidí comprar el primer boleto de avión al sur. Al sur; donde las manecillas del reloj giran en sentido inverso al convencional. Aquél lugar en donde otoño no era otoño y en donde, cuando aquí acaban las cosas, allá comienzan. En el sur también existen otoños e inviernos, sin embargo es el momento en el que puedo marcharme sin mayor remordimiento.
Cabe resaltar que mi razón para ir no era solamente el clima. Allá se encontraba mi amor, mi dicha, y mi felicidad. Ése, al que adoraba con locura. Por supuesto, él era una de las razones por las cuales siempre había un calor acogedor en mi vida, a pesar de la distancia.
¿Cómo lo conocí? Me resulta insulso pensarlo, porque de esa primera vez jamás pensé que fuera a convertirse en lo que de pronto se ha convertido en mi vida. El primer comentario que me hizo, después de un acercamiento tan brusco y poco elaborado, estaba relacionado a una vulgaridad que hoy en día, para mí, no tiene nada de vulgar. Con una expresión tan burda y directa, se dirigió a mí para decirme tan insolentemente que deseaba que tuviéramos relaciones sexuales. No podría decir que en ese entonces no me hubiese espantado, porque me consideraba inocente y muy poco sabia respecto a la vida... no obstante ese tipo de comentarios, suyos al menos, más que asustarme me causaron curiosidad, ya que era el primero en atreverse a decirme algo por el estilo tan abiertamente y fuera de lugar. Contrariamente a las expectativas ajenas, le sonreí y le dije que no me parecía nada mal la idea. También sonrió. Y entonces me di cuenta que su plan malévolo de acercarse y dejar un impacto en mí había dado los resultados esperados.
Conociéndolo, me fui dando cuenta que su interés por mí pasaba a un nivel más allá del casual que quiso aparentar la primera vez. Al parecer, había esperado el momento e incluso había sopesado la posibilidad de que podría resultarme pesado o molesto. Y por ello, contuvo su personalidad tan característica conmigo. Un poco, al menos.
Pero precisamente a mí me llamaba la atención por ello: por su personalidad.
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