sábado, 4 de enero de 2014

Tristeza

Me sorprende ver que ya tengo alrededor de 4 años de tener este blog. Sobre todo, es para mí un logro que siga escribiendo aquí ya que me consideraba una persona inconstante en mis compromisos no tan esenciales. Pero de un tiempo acá he sido capaz de ser más perseverante y no dejar caer mis metas, por más pequeñas que sean. Y heme aquí, escribiendo palabras melancólicas una vez más.


No es ningún secreto que este es el espacio donde he escrito las cosas más tristes de mi vida. A decir verdad, solamente entro a este blog para externar mi desesperación cuando ésta se encuentra al límite. Es por ello que encuentro aquí las más bellas y desgarradoras palabras que mi mente puede crear, y a su vez es también por eso que no entro seguido.


No siempre estoy triste. Mi alma no llora todo el tiempo, pero sin duda los pequeños disgustos se van acumulando al punto en el que ya no puedo pensar en nada más que el dolor. Y vengo, escribo y escribo, hasta ver que mis dedos viertan una desdicha que me congoja en el alma. Y luego puedo seguir.


Puedo medir mi tristeza en el número de entradas por año. Así, quizá el 2012 habrá sido el más triste de los últimos tiempos. El 2013 no fue mucho mejor, pero también considero que tuve poco tiempo para escribir... y ocuparme de algo distinto a la escuela o el trabajo.


Creo que, considerando la lógica anterior, una meta razonable sería reducir las veces que escribo aquí, pero tampoco quiero dejar de hacerlo. Encuentro en la tristeza fugaz un destello de preciosura poética, un halo de romanticismo, un mal necesario para una persona que desea escribir una novela. Incluso si no quisiera publicar algún texto mío, encuentro necesaria la tristeza en algunos momentos de la vida para disfrutar plenamente la felicidad rimbombante, es parte de la vida, el conjunto de todo. La dicotomía en la que vivimos los seres humanos día a día.


Entonces, pensando en todo lo anterior, creo que está bien si me siento triste. Si estoy mal, siempre tengo mis letras para escapar, para externar mi malestar y seguir adelante. Porque lo único que importa al caer es que debes levantarte sin importar las circunstancias.


Y yo me levanto cada día esperando un nuevo amanecer.

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