Bueno, ¿cuándo no es una queja? Ya estoy por demás cansada de ser yo la que siempre tiene que tener cordura y la que haga bien las cosas, la que sea la voz de la razón. Porque... ¿por qué no pueden ser los demás? ¿Por qué debo aceptar yo únicamente la mierda que tiren las personas? ¿Por qué debo callar cuando el pecho se me desgarra por gritar lo que todo mundo desea silenciar?
Doy sinceridad porque me nace hacerlo y automáticamente espero que lo hagan, a pesar de que mi razonamiento resulte sin fundamentos e ilógico. Espero siempre que las personas sean abiertas con sus intenciones y objetivos... y qué ilusa soy asumiéndolo. Porque, evidentemente, todo resulta más interesante y conflictivo cuando existen secretos, cuando se callan las cosas, y cuando una relación se forma a base de mentiras, encubiertas por una falsa preocupación y un sentimiento de amistad que en realidad nunca existió.
Sé que por hoy estoy molesta. Que quizá mañana me dé cuenta de que si uno no toma la iniciativa de hacer bien las cosas, esas cosas jamás estarán bien. Que si comienzo a ser más egoísta de lo necesario, mi conciencia no estará tranquila. Pero ello no me quita estar con un humor de perros. Al menos por hoy, estaré mal y me lo permitiré abiertamente. Estaré maldiciendo e insultando a tanta gente se me plaza. Y me importa un carajo. Sólo por hoy deseo abiertamente que todo mundo se calle y se vaya a la mierda por un buen rato.
Es lo menos que me merezco, ¿no?
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