jueves, 30 de septiembre de 2010

De pronto me miras

Pero no significa nada. Soy parte del paisaje, como una piedra, que ocupa un espacio más sin ser tomada en cuenta para el verdadero objetivo: algo que está más lejos y que definitivamente sé que no soy yo. Lo malo no es que mires al paisaje y no a la piedra, sino que la piedra crea que puedas voltear a verla si tienes algo mucho más bello en el horizonte.
Qué tonta es la piedra por pensar que podrías ponerle atención... teniendo más allá de ella una montaña. ¿Por qué pensar en la piedra si es tan ínfima, tan insignificante para ser tomada en cuenta?
Qué tonta es la piedra por pensar que a ella le tomaron la foto, que venías a admirarla a ella.
Qué tonta es la piedra por enojarse si la patean para que no arruine el paisaje.
Qué tonta es la piedra por querer que la pateen hacia el lado contrario para ponerse en medio del objetivo.
Qué tonta es la piedra por no saber cuál es su lugar, y cuál es el de la montaña.

Pero bueno, ¿qué se puede esperar de una piedra?

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