sábado, 23 de octubre de 2010

Una historia larga

Hablo, escribo, pienso y reflexiono mucho sobre el amor. Siempre. Sé que existen muchas clases de amores: el amor a los hermanos, a los padres, a los amigos... pero sobre el cual mi mente pierde la razón y mi corazón se acelera no es ninguno de esos tipos de amor. Es el otro amor. Ese tipo de amor. El amor. Usar más palabras para definirlo está demás porque, de hecho, cuando la mayoría de las personas habla sobre el amor se refieren a este amor del que ahora no encuentro palabras para referírmele.


En mi vida solamente he estado enamorada una vez. Yo tenía doce años y hasta entonces lo más que conocía sobre el amor era sobre los príncipes azules en los cuentos de hadas. ¿Amor? Sí, lo pensaba, pero nunca tuvo un matiz tan profundo para mí... hasta que lo conocí.


Yo no lo busqué ni mucho menos. De hecho me sorprende la forma en que lo conocí, pues fue más un acontecimiento casual que algo que yo haya buscado. Estaba en unos cursos particulares en la tarde (de los cuales no mencionaré su naturaleza por carecer de importancia) además de la escuela. Un día yo, por flojera más que por otra causa, me fui a mis cursos en el uniforme de mi secundaria. No era lo más bonito ni mucho menos: consistía en un pantalón de mezclilla y una playera tipo polo. El cabello aún lo llevaba recogido tal y como lo había llevado a la escuela, ¡vaya que sí me veía tremendamente mal! pero... ¿cómo iba a saber yo que conocería ese día precisamente a mi primer amor? Salí ese día del curso y esperaba a que vinieran por mí. Él me vio, miró mi uniforme y se me acercó. Por mi uniforme, se dio cuenta que estaba en su misma escuela, y ahí supe que él era un año mayor que yo y que, estábamos mucho más cerca de lo que habíamos imaginado ya que también estaba en mi mismo curso verspertino. ¿Cómo reaccioné? No hubo amor a primera vista ni mucho menos... sólo me pareció un muchacho lindo y, bueno, me gustó, pero punto.


El día siguiente me senté junto a él. Volvimos a hablar de sabrá dios qué. Me seguía pareciendo lindo. Así pasaron los días, en el que yo lo veía en nuestra clase juntos, hablábamos, nos reíamos y jugábamos. Tenía detalles que nadie antes había tenido antes. Me hacía caso, se interesaba en mis cosas... ¡había indirectas de que le gustaba! Alguna vez me llamó corazón y el corazón mismo me dio un vuelco cuando oí las palabras de sus labios. Cada día, él hacía algo que me conquistaba. No, no es que sus esfuerzos fueran enteramente dedicados a mí, sino que simplemente su personalidad misma, su forma de ser y sus actos (entre los que incluían los dirigidos hacia mí tales como su atención e interés) llenaban a cada momento mi corazón y mi alma.


No recuerdo el momento en el que su nombre se apoderó de mi cabeza. Lo pensaba unos momentos, lo pensaba unos minutos... lo pensaba unas horas, ¡lo pensaba siempre! Me ponía ansiosa por verlo, por estar de nuevo a su lado, por enamorarlo. En ese entonces era ingenua y no pensaba en qué hacer para mantenerlo interesado en mí... me dedicaba a pensar tanto en él que la percepción sobre mí quedaba en un segundo plano. Era él y lo que yo pensaba de él. Era él y mis sentimientos. Era él y un retazo de mí.


Por otra parte, en la escuela siempre lo veía en el receso. Siempre estaba en el mismo lugar con sus amigos... y ahí me acercaba yo para admirar su figura desde lejos. Nada importaba más que tenerlo presente. La idea de estar junto a él era para mí en ese entonces un delirio, un pedazo de paraíso en mi mundo, era como estar en el cielo. Las horas juntos era como miel, tan dulces y suaves. Perdía la cabeza por pensar en nosotros dos juntos, en él y yo. Solos los dos, lejos de este mundo... Si todo hubiera seguido de la misma manera yo hubiera sido inmensamente feliz. Ni siquiera me importaba si le gustaba o no, con tal de estar a su lado yo era la persona más afortunada del universo.


Pero pronto la felicidad absoluta terminó. Cuando nos graduamos del nivel del curso dos meses después, al siguiente él se cambió de horario. Ya no lo vería más en mi clase... ¡me causó tanto dolor! Pero podía soportarlo, siempre lo veía en la escuela.


Sí, lo veía, pero ya no tenía la oportunidad de hablar y estar con él. Conforme los días pasaban mi ansiedad por acercármele aumentaba al punto de la locura. Pensaba en él mucho más que nunca. Imaginaba en mi cabeza las mil y una formas de inventar una excusa para hablarle... y nada. Tampoco él se me acercaba, lo que también era una apuñalada a mi corazón. Yo era una chica tímida y jamás había pasado por mi cabeza el tener la iniciativa de acercármele primero.


Pero fui fuerte. Un día me acerqué hacia él, inventando una excusa tan tonta para hablarle que ni siquiera merece ser mencionada. No fue el momento oportuno porque estaba alrededor de sus amigos... y una chica. Los ignoré. Me planté frente a él y le pregunté por algo. Enseguida me mató con su frase:

"No te conozco, no sé quién eres, por favor deja de molestarme"


Sus amigos se rieron de mí, y la chica también. Mi corazón se partió en mil pedazos ese momento, me asesinó en unos segundos. Fui fuerte, porque me mostré imperturbable, algo molesta quizá, pero sé que jamás le demostré cuanto me dolieron sus palabras. Desde ese momento nunca volví a dirigirle la palabra.


Más tarde descubrí que esa chica era su novia. Y que él ahora no quería estar con personas como yo por sus amistades elitistas y egocéntricas, tal y como lo era su novia.


Lo odiaba y lo amaba al mismo tiempo. A pesar de lo que me dijo esa vez, no podía detener mi amor hacia él. A diario, tenía una lucha interna por mis sentimientos de amor y odio hacia la misma persona, la misma que me había llevado al cielo y que ahora también me había llevado al infierno. A pesar de que debía odiarlo, lo amaba. Lo seguía buscando con mi mirada a diario.


¡Y quizá mi amor hacia él hubiera muerto antes de no ser porque su mirada seguía encontrándome! Cada que lo buscaba, ahí estaba él, mirándome fijamente, buscándome entre las multitudes. Podía notar que a pesar de reír con sus amigos, una mirada vacía se dirigía hacia el horizonte, y luego, sus ojos tristes se posaban mí, rogándome, suplicándome perdón por aquella bajeza que me hizo. Ahora, hoy en día, albergo la duda sobre si realmente esa búsqueda suya hacia mí era porque había sentimientos más o si solamente eran una disculpa de la amable persona de la que alguna vez me enamoré y la cual él enterró por intereses absurdos e imbéciles.


Fueron dos años de tortura, en los que a pesar de que no lo tenía a mi lado, mi mente nos seguía dibujando juntos. A pesar de la barrera que él mismo impuso entre nosotros, sus ojos me brindaban esperanza de que... alguna vez él se acercara e intentara hablarme. Esas miradas alimentaron mi alma y mantuvieron vivo ese amor, que se apagó en el momento en el que él se graduó y se marchó para siempre. Después de esos dos años necesité otro año más para olvidarlo y para darme cuenta finalmente de que, en efecto, mi primer amor había terminado.


Fuera de mi ceguera tras estar enamorada me di cuenta de que, a pesar que tras leer mi situación así tal cual la escribo parezca una simple obsesión de adolescente, lo amé con todo mi corazón. Nunca fui capaz de odiarlo del todo porque simplemente no podía. Lo amé tan profundamente y me causó tantas cosas que hoy en día no he vuelto a sentir desde su partida. Lo amé al punto de perder la noción de mi persona cuando estaba cerca de él... lo amé como nunca, hasta este punto de mi vida, he amado a nadie. Lo amé tanto sin recibir realmente amor... lo amé, lo amé, lo amé.

Sé que aún soy joven, pero ahora tengo algo más que experiencia en la vida que cuando tenía doce años y puedo decir con seguridad que nunca me he enamorado de nuevo desde ese entonces... porque nadie me ha hecho sentir hasta ahora ni una décima parte de lo que alguna vez sentí por él. He cambiado, lo sé, pero tengo la certeza de que si me enamoro, me sentiré de nuevo en el paraíso como alguna vez me sentí con él.

A unas cuantas personas les he contado esto... y sé que el tono en el que lo digo, la falta de detalles sobre mis sentimientos (realmente soy terrible hablando sobre mis sentimientos, lo detesto), y la situación en sí hacen que suene como un acontecimiento más, algo superfluo y sin mucha trascendencia. Pero creo que, si alguien leyera esto, su perspectiva sobre mi primer amor cambiaría. Supongo que nunca le he dado el matiz al tema que necesitaba para expresar realmente lo que siento.


Hoy escribo esto porque añoro volver a sentir que amo a alguien con locura tal y como me sentí esa vez en la que me enamoré perdidamente. Ya no lo amo, eso es claro, pero volver a recordar todo lo que sentí alguna vez me trae esperanzas de que, cuando se presente de nuevo a mí el amor tan casualmente como lo hizo esa vez, sentiré de nuevo que todo, absolutamente todo en esta vida tiene un motivo muy especial.

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