viernes, 22 de octubre de 2010

Capricho

Oh... el capricho duró un mes. Bueno, un mes y cuatro días. Qué tristeza que fuera el más real y el más corto a su vez. Quizá del mismo modo en que parecía más probable de suceder, también era el más asesinable, el más vulnerable. Pero no fue mi culpa, oh no. Yo intenté que la posibilidad de la ilusión aumentara, que él se enamorara de mi patosa personalidad y mi torpeza general. No fue mi culpa: fue la suya por pensar en amores pasados; en frutos que ya pasaron su etapa madura y que ya no se cosechan ni sirven más que para abonar enredaderas y hiedra venenosa, de esa que no hace más que cegar tu perspectiva y envenenarte con su calaña. No fue mi culpa y quizá tampoco la suya porque en los sentimientos no se manda.


Y ahora mismo estoy mandándome a mí misma porque no tengo, ni tuve, sentimientos profundos hacia él. Jamás me dio la oportunidad de hacer nacer algo entre los dos.


No, esta vez no estoy triste. Esta situación es sólo otra flor más arrancada del jardín de Neruda, porque...


"podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera"
Pablo Neruda

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