sábado, 13 de agosto de 2016

Pensamientos de injusticia

Hace meses que no escribo nada relacionado a mi persona. Mi diario tiene páginas vacías, este espacio no ha sido actualizado en meses... cualquier alusión a mi cordura fue suprimida de tal manera que por unos instantes no existí, más que en mi propio cuerpo, sólo en mi mente. Supongo que fue, evidentemente, para demostrar el miedo que tenía a asumir que los pensamientos se desvanecen con el tiempo... lo que hoy siento probablemente mañana no exista, y que finalmente una gran parte de los momentos que vivimos son superfluos, y no nos definen del todo. Pocos son aquellos instantes que nos marcan profundamente para el resto de nuestras vidas.



En fin, lo que quería tratar en este momento no era precisamente el miedo a la temporalidad. Lo que me trae hoy a escribir aquí es sobre la injusticia. Pensamientos de injusticia, para ser exactos.


Una persona que adoro con todo mi corazón, me hizo un test psicológico hace un par de meses. Era un test de esos que suelen ser bastante convencionales, sencillos, pero que a partir de ellos puedes obtener conclusiones relativamente certeras que asustan. Aquél test trataba de descubrir pensamientos irracionales y automáticos que solemos tener; que no nos percatamos que los tenemos hasta que alguien más nos los hace notar.


"En tus resultados veo que sueles tener bastantes pensamientos de injusticia".


¿Qué era aquéllo? Bien, parece que una parte no tan consciente de mi persona, considera que la vida ha sido injusta conmigo... se manifiesta de distintas maneras, pero suele ser un cierto enojo a mi vida o a las circunstancias que me provocan ansiedad. "¿Por qué, si soy buena persona, me pasan cosas malas?", "¿Por qué he tenido que sufrir más que otras personas para llegar a donde estoy?", "¿Por qué no me quiere, cuando yo lo amo con todo mi corazón?".


Sí, apenas me lo dijeron reconocí todo aquello. Suelo hacerme la víctima, pienso que no me merezco el rechazo, las dificultades, detesto ver que algunos afortunados tienen una mejor vida que yo con menos esfuerzo, lloro porque no me ama la persona que yo amo... todo, todo es cierto. Me estresa, me provoca una ira que no puedo controlar. 


Trabajo en ello, y estar consciente de este tipo de pensamientos me ha provocado cosas buenas... y malas tambien. 


Buenas: intento ser más relativa, darme cuenta que yo misma estoy en una posición mucho más privilegiada que otras personas... veo todo lo que hago y que finalmente sí tengo recompensa por mi trabajo duro. Hay pruebas cuantitativas que me muestran mi esfuerzo día a día. Y sigo haciendo todo aquello que me hace bien, sobre todo en el aspecto profesional y familiar.


Malas: ocurren sobre todo en el plano amoroso. Dada mi patética vida amorosa y mi nueva perspectiva de mi persona como "la víctima", he adoptado otra posición mucho más peligrosa. Al estar acostumbrada a la mala vida del amor, a no ser correspondida, a sufrir... ahora pienso "OK, sufriré. Pero si sufro, que sea al menos por algo que yo haya provocado". Funciona, las cosas malas siguen sucediendo, pero no me siento tan mal al respecto y puedo superarlo más rápido. Me siento bien, incluso, siendo yo la que provoco celos, intrigas, la que arrebata la pasión y luego la contiene para sí. 


Nadie dijo que fuera fácil deshacerse de nuestros esquemas mentales, y probablemente esté creando otros tantos nuevos, pero sufro mucho menos que en el pasado. Y finalmente, en mi actitud egoísta, seguiré haciendo lo que me provoque placer. 


Aunque al final me duela.




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