domingo, 31 de julio de 2011

Going crazy waiting...

Escribo la mayoría de las veces porque estoy triste. O porque estoy enojada. O porque estoy frustrada. O porque tengo una rabia que no puedo expresar de otro modo menos dañino. En parte dicen que es bueno para entender la raíz de esos sentimientos... ¿pero saben? Cuando vuelvo atrás me hace ver como una persona infeliz. Y es que cuando estoy dichosa, casi nunca escribo porque, así como pienso que escribir mis sentimientos negativos se tranquilizan cuando escribo, quizá pase lo mismo con los sentimientos positivos: se disiparían. Y no. Yo quiero mantener mi dicha conmigo, exprimir hasta el último momento sus efectos en mí. A veces esa dicha es tanta que sí necesito demostrarla. Pero normalmente la desato gritando. ¿Debería hacer lo mismo cuando esté molesta? En todo caso este espacio no existiría.


Espero no verme como una adolescente sentimental en unos años, cuando lea lo que escribo en estos momentos. No pretendo escribir con un propósito en particular, sino para, en un futuro, constatar todo lo que he cambiado desde que tengo el don de plasmar mis ideas. Y vaya que de eso tengo tiempo...


Acabo de volver a cerrar cierta página que me trae risas, disgustos... y sí, en los últimos meses más de eso último. Quiero, por una maldita vez en mi vida, sentir que no pierdo el tiempo. Deseo aprovecharlo al máximo porque... se agota. Se me agota el tiempo. A todos, en realidad. Y me será más difícil lograr lo que quiero.


Hasta pronto.

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