Tenía para esta entrada una sarta de groserías y vulgaridades que nada me hubiera costado publicar de no ser porque esas como quiera puedo gritárselas a mi almohada o al horizonte y (creo) no dejarán huella como las palabras escritas. Bueno, el caso es que hoy ando histérica. No sé qué le ha dado a todo el mundo ayer y hoy por criticarme, por criticar lo que digo, lo que hago, lo que debo de pensar... y me refiero sobre todo a que los que me han dicho eso son personas que, por más errores que considero yo que cometen y han cometido, jamás les he dicho una palabra. Porque, vamos, ¿qué derecho tengo yo para eso? No pueden criticar a alguien basados en dos o tres líneas que compartes con ellos. No, no debería importarme, pero sí me importa, y detesto mucho que se metan en mi forma de hacer las cosas. Vamos a ver quién a largo plazo es el que está mal, corazones.
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