La vida es injusta. A unos les da todo y a otros nada. Unos con el sudor de su frente apenas pueden seguir adelante, alimentarse, darles apenas lo básico (y a veces ni eso) a sus hijos. Por otro lado, hay quienes pueden pasar toda la vida sin mover un solo dedo y vivir como reyes. ¿Por qué? Reconozco que hay casos en los que, con justa razón, aquellos que trabajaron duro, que sobrepasaron obstáculos y siguieron adelante a pesar de todo ahora disfrutan el fruto de su trabajo. ¿Y qué pasa con ellos? Sus hijos, quienes todo lo tienen, porque obviamente no se les va a privar de lo que sus padres adolecieron, terminan como aquél grupo de ineptos que viven a expensas del otro, que ni siquiera saben valorar el esfuerzo de sus padres. No valoran lo que tienen. No valoran nada. Sé que a la persona que me refiero en su vida leería estas palabras, y tampoco tengo el valor para decírselas. No hay utilidad, porque ella misma está inmersa en un mundo de resignación. La admiro. Yo no podría vivir así. Pero lo que sí me gustaría que supiera es que, si creyera yo en dios, rezaría por ella. Y me gustaría además que sepa que, por más sola que se sienta en este momento, no lo está, porque por cada persona idiota e inútil que se le haya cruzado en su camino, habrá otra que esté al pendiente de ella. La vida es injusta, sí, pero no creo que sea una completa mierda para dejarla completamente abandonada. Espero, quiero creer, que un día se hará justicia.
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