No tengo duda de que lo amé... pero el paso del tiempo se encargó de demostrarme que mi amor jamás fue correspondido de la misma manera, o a lo mucho, que sus formas de amar son dañinas hasta el punto de ser fulminantes. ¿Es su culpa? Es posible que no, pero eso no quiere decir que yo tengo que cargar con dolor ajeno, cuando él ni siquiera se atreve a buscar soluciones a sus problemas.
La entrada anterior no es más que la pura verdad... lo amé intensamente. Con él viví no solamente una aventura, o lo prohibido... con él también aprendí a conocerme a mí misma, a darle nombre a mis sentimientos, a darme cuenta de que en una relación, debes tener muy en claro tus límites para que no te destruyan. Aprendí, sobre todo, a dejar de lado mi orgullo altanero para ver su rostro, colmado de cariño —ese es el único sentimiento del cuál no tengo duda haya sentido hacia mí— para así, poder perdonar y seguir adelante. Siempre me pensé como una persona vengativa, rencorosa, pero el tiempo me hace ver cómo, al final del día, siempre me quedo con lo mejor de las personas que alguna vez formaron parte de mi vida... aún y cuando me hayan lastimado a niveles insospechados. Tú, mi Némesis, eres mi más claro ejemplo, porque pese a todo lo que nos ha ocurrido... deseo sinceramente tu felicidad.
¿Por qué el título de la entrada? Bueno, entre muchas cosas que me han sucedido durante los últimos meses, asistí con una psicóloga para encarar todos mis demonios y comenzar a tener las riendas de mis sentimientos, y de mi vida en general. En algún punto de las sesiones, me dijo que las cosas que he logrado hasta el momento, se han realizado en base a un camino de dolor... "si no duele, no sirve". He visto el dolor como un método de crecimiento, y por eso he aceptado que mi Némesis viniera a destruirme, puesto que necesitaba tal parece, tocar fondo para resurgir. Pero... ¿acaso era necesario que me patearan a ese nivel, para ir en busca de mi propia felicidad?
Quizá ahorita es demasiado tarde analizar todo esto... porque simplemente ya forma parte de un pasado que estará ahí por el resto de mi vida. Es un pasado que debe recordarme que no necesito tocar fondo para salir al mundo y lograr mi propia felicidad. No necesito que me pateen para ir en busca de lo mejor.
¿Y saben qué es lo mejor? Que la vida da muchas vueltas, y mientras vivía mis momentos más oscuros con mi Némesis, cuando menos lo esperaba, o lo buscaba... me he encontrado a alguien que me hace suspirar una vez más. Con un par de palabras, logra sacarme una sonrisa de ternura, de alegría, de amor... que ni yo misma me reconozco. Me siento en las nubes, como si tuviera quince años y estuviera viviendo el amor por primera vez. Es, sencillamente, fascinante.
Y lo mejor de todo, es que no tengo miedo a que me lastimen en esta ocasión.
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