jueves, 9 de mayo de 2013

Recaída

Iba tan bien, había superado tan satisfactoriamente (o al menos, decentemente) la tentación y hoy, en un ataque de histeria y desesperación, eché todo a perder. Por unos breves instantes de delirio, intenté satisfacer mi avidez por saber de él... por enterarme de qué había sido de él estos últimos meses, ¿está bien? ¿cómo le ha ido? ¿qué tiene que contarme?


Al caer en el error, inmediatamente intenté remediarlo. Con las manos temblorosas, me apresuré a cerrar de nuevo ese capítulo de mi vida. Con temor a que descubriera mi presencia, escapé de su vista. Porque estaba ahí. 


[Continuará...]

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